Cada vez es más importante transmitir sensaciones y pasiones desde los restaurantes. Nos abruman con nuevos locales buenos, bonitos y, muchas veces, no tan baratos, además de fríos, clónicos y estandarizados hasta la extenuación. Por eso, sitios como Ca L’Angels en Polop (carrer Gabriel Miró 12, Polop, Alicante), te reconfortan y vuelve a reavivar esa llamita que siempre he tenido de encontrar restaurantes diferentes.

Conozco poco a Paco Teuler, pero lo que sabía de él era de seguirle en RRSS, eventos y, sobre todo, de referencias de buenos amigos que me hablaban maravillas de él. Y superó las expectativas. Contador de historias, transmisor de la cultura de su territorio expresada en un plato y apasionado como pocos. De los que te emocionan cuando te cuentan el porqué de un plato.

Tres platos son suficientes para saber la calidad de un restaurante. Tres referencias que pasan del tratamiento perfecto del ingrediente de temporada, con elaboraciones sencillas pero perfectamente ejecutadas, hasta platos de horno y arroces espectaculares. Y todo lleno de sabor. Todo sabe y huele de maravilla. ¡Qué manos las de Vicenta Teuler en la cocina!

La ensalada de tomate con encurtidos es, como decía, sublime en la sencillez del producto y en la potencia de sabor. Verano y tomate. El punto cañero de los encurtidos de cebolla, pimiento verde y escarola. La frescura del alficoz. Y dos tipos de tomates pelados, dulces con su punto de acidez justo. Con una buena hogaza de pan para disfrutar mojando esos restos de salmorreta y aceite del plato.

La coca dacsa de verduras, con la masa hecha exclusivamente de harina de maíz, agua, aceite y sal es melosidad pura. Nada seco el exterior, verduras perfectamente asadas en el interior. Una se me quedó corta.

Y por último el arroz meloso de raya y calabaza en olla de hierro. Por un lado, el perol con el arroz, calabaza, patata, boniato, alcachofas, pimiento rojo y judías. Por otro, la raya sacada de la cocción en el momento justo y salteada con cebolla. Todo mezclado perfectamente por el camarero en la misma mesa delante del comensal. Ese momento en el que me entra la ansiedad porque quiero comer ya… Punto perfecto del arroz y maravillosa mezcla de texturas y sabores en cada cucharada.

Para terminar, brazo de gitano y helado de níspero. Punto dulce sin saturar para terminar la comida de lujo.

El servicio de sala, perfecto. Capitaneado por Paco, atento a todo y explicando cualquier duda. Los camareros, siempre con una sonrisa (siempre se ve en los ojos a pesar de la mascarilla), rápidos, atentos, amables. Sin una pega. El día que estuve era el aniversario de la apertura del restaurante: 33 años. Trabajo en equipo imprescindible para mantener a flote durante tanto tiempo un restaurante que es mucho más que un negocio. Es una forma de entender la gastronomía.

Y tantas cosas pendientes para probar… y como muestra, un par de ejemplos: los minchos y el arroz “al estil de la borra” (como nos contaron: “lo que haría la abuela si le das un bacalao fresco”). Suena muy bien.