La Llar Arros i Brases en Alicante

La Llar Arros i Brases 

Calle Med Jorge Serrano Mate, 21, 03112 Alicante

 

Teléfono: 639.11.82.39

 

Información en Internet (pincha en los enlaces):
Facebook: La Llar Arros i Brases

Hay que echarle un par ahora mismo para montar un nuevo negocio de hostelería. Las únicas razones es estar medio loco o tener las cosas muy claras y saber cómo hacerlo bien. Yo creo que sabiendo quién hay detrás de La Llar, se juntan un poco las dos, pero sobre todo la segunda. Desde aquel pequeño local que era Tapas Alicante a lo que es ahora, más amplio, trabajado y haciendo lo mismo que al principio pero dando siempre pasitos hacia delante, este nuevo proyecto no puede fallar (Javier sabe muy bien lo que hace y cómo hacerlo).

En el mismo club de tenis de Villafranqueza se sitúa este restaurante basando su cocina en la leña, el fuego y las brasas. Como no podía ser de otra manera, el salón principal se asoma a esa cocina a través de una enorme cristalera donde los clientes pueden ver cómo preparan los platos que van pasando por el fuego. Con una perfecta extracción, ni un mínimo olor a humo, hace que el salón quede muy acogedor. 

La carta es más bien corta, aunque fuera de ella el personal de sala se encarga de enumerarte los platos que hay fuera de ella para completarla de forma perfecta. Entrantes fríos y calientes, carnes a la brasa, guiños a la ascendencia manchega de uno de los propietarios (chorizo y morcilla de orza, chorimorci, guarra, careta a la brasa, rabo frito… la próxima vez caerá más de uno de estos), pero lo que nos apetecía probar era uno de sus arroces a la leña, que no defraudaron (Roberto, ex Casa Pepe en San Juan, es un maestro en esto y se nota su magnífica mano).

Entramos en faena, empezando por una ensaladilla con un punto especial que le da el escabechado del atún y el bonito. Muy buena. Seguimos con unas croquetas de jamón y otras de cocido. Cremosas, sabrosas, nada aceitosas. Con Javier  (y Tapas Alicante) sabes que, con la ensaladilla y las croquetas, no se falla. Son dos de los platos que le han hecho llegar a donde ha llegado. Junto a esto, unas puntillas de calamar también perfectamente fritas y sabrosas (plato fuera de carta). Con esto dejamos el aperitivo casi finiquitado.

Y digo “casi” porque nos faltaba uno de esos productos que me gustan especialmente cuando pasan por la brasa, y es el pulpo. En esta ocasión, rodajas de pulpo tiernas y sabrosas, con el toque que le da el humo y la llama. Siempre me parece poca la cantidad, sea la que sea, porque es un plato que me encanta. Este merece la pena.

Pero como decía antes, la visita iba enfocada a probar los arroces. Pudimos probar dos, el de conejo y caracoles por un lado, y el de picantón, alcachofas y níscalos por otro. El de conejo estaba bueno, aunque estoy acostumbrado a más potencia en este arroz, también a que la ñora sea uno de los ingredientes importantes en la receta. Salvo por esa falta de intensidad para mi gusto.

Pero el que me queda para el recuerdo es el segundo. Simplemente impresionante. Qué complicado es conseguir el equilibrio de sabores en un arroz, que cada cucharada te sepa a todo, no tener que coger tropezones de algo para que sepa a ese tropezón. Aquí, cada cucharada tenía el fondo de pollo, que además estaba tierno y jugoso, las alcachofas y los níscalos dejaban en la boca todo su sabor gracias a la melosidad del final del arroz. Imprescindible.

De postre, habiendo torrija, no hago prisioneros, hay que pedirla… En esta ocasión, acierto absoluto, muy jugosa, nada grasienta, acompañado por un helado de turrón y una crema de turrón también en la base. Muy buena. Pedimos también una tarta de queso, clásica, que gustó mucho también. Y por último una esfera de chocolate rellena de fresas con nata. La terminan en mesa vertiendo chocolate caliente por encima que funde la esfera y descubre el interior. Intensidad amarga en el chocolate y frescura de la fruta y nata en el interior. Para golosos y chocolateros.

La carta de vinos no es muy larga, con referencias muy reconocibles: 10 blancos (2 de Alicante) y 20 tintos (3 de Alicante). Nosotros nos decantamos por el Tres Picos, un garnacha con DO Campo de Borja muy bueno (22€).

En resumen, cuando se juntan ganas y capacidad (a Javier y Roberto les sobran ambas), haces que todo funcione. Desde la cocina, con platos perfectamente ejecutados y usando ingredientes de calidad; hasta la sala, bien coordinada, rápida, atenta y amable, con esa sonrisa que tanto se echa de menos con las dichosas mascarillas pero que ahora se ve en los ojos. Local para no fallar con el arroz y para descubrir todo lo que esconde la carta y sus brasas. Muy recomendable.

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