Restaurante El Misteri d’Anna en Elche
El Misteri d'Anna

Regreso 5 años y medio después a uno de los restaurantes con más y mejor fama de Elche. Además, popularidad de esa discreta, sin estridencias, haciendo las cosas poco a poco y bien. Evolución como entiendo debe ser si tienes el objetivo claro. De platos tradicionales muy identificables, a los mismos platos con una creatividad bien entendida y que siguen siendo reconocibles una vez te los metes en la boca. Hoy toca hablar del Misteri d’Anna de Elche.

Adaptada la terraza al invierno (y a la situación actual), con espacios amplios, mesas separadas y cómodas con decoración clásica. No se podía pedir más del entorno. Los jardines, perfectamente iluminados detrás de los cristales, complementaban el ambiente muy bien. 

Lo que comimos:

Nos decantamos por el menú degustación de 45€ sin bebida, compuesto por 6 platos más 2 postres. Más que suficiente para una cena. El maridaje aparte son 25€ adicionales, que dejamos pendiente para el día que vayamos en taxi… También disponen de la opción corta de 5 pases por 29€. 

Empezamos con “Texturas de molusco con 3 escabeches y gominolas de mar con limón”. La vuelta de tuerca a unos mejillones en escabeche magníficos. Reforzados con salicornia para el toque yodado y salino, la teja crujiente aportaba el pan que pide el plato. 

El segundo entrante se llamaba “Aromas ilicitanos (sardina ahumada, dulce de tomate y dátil, queso ahumado y cantueso a la llama sobre coca de garbanzo)”. Quemar el cantueso con soplete delante del comensal le da un toque adicional al aroma del plato que te recuerda a las infusiones de esta hierba, a monte y enlaza todos los ahumados de los ingredientes del plato. La receta que más me gustó.

Uno de los platos más potentes hablando del sabor fue el “Risotto de setas con crujiente de espinacas y queso azul”. Solo el ingrediente principal ya merece casi un aparte como receta de arroz meloso. Mezclado con el bombón de espinacas y queso azul que lo corona, y que te recomiendan deshacer y mezclar con el arroz para terminar de mantecarlo y convertirlo en risotto, eleva el plato a otro nivel gustativo. Potente. Muy potente.

Texturas de molusco con 3 escabeches y gominolas de mar con limón
Aromas ilicitanos (sardina ahumada, dulce de tomate y dátil, queso ahumado y cantueso a la llama sobre coca de garbanzo)
Risotto de setas con crujiente de espinacas y queso azul

El cuarto plato casi llega para rebajar la intensidad del anterior, aunque sea la untuosidad de un “Huevo confitado en AOVE con foie y trufa”. De cuchara también. Sin ser un gran amante de los huevos poché y similares, confitar así el huevo en aceite le da una textura diferente que sí me gustó.

La parte del mar vino representada por un “Sepionet con cremoso de tubérculos, alcachofa confitada y reducción de leche y kimchi”. La unión de alcachofas y cualquier cefalópodo me tienen ganado, sea con pulpo, sepia, calarmar… En este caso, unir todos con la cremosidad de la reducción de leche y kimchi le da un toque que, además, realza el sabor del conjunto. 

Como último plato salado, un “Ravioli de ternera, panceta ibérica, cremoso de raíz de apio y chicharrón”. Quizá me faltó “torrar” algo más la panceta, algo chiclosa, pero el interior estaba tan bueno que se te olvida. El punto salado y algo crujiente que aportaba el chicharrón en forma de tierra por encima, muy bueno.

Huevo confitado en AOVE con foie y trufa
Sepionet con cremoso de tubérculos, alcachofa confitada y reducción de leche y kimchi
Ravioli de ternera, panceta ibérica, cremoso de raíz de apio y chicharrón

La parte dulce estaba compuesto de dos recetas. Un prepostre y un postre, aunque realmente el primero, un “Suspiro de café y amaretto”, bien podía ser un postre por su potencia y dulzor. Una forma diferente de aproximarse a un tiramisú. Realmente bueno, tanto si te comías sus elaboraciones por separado como si mezclabas todo en una cucharada.

Por último, la “Pink Panter” era una aproximación al famoso pastelito ochentero “Pantera Rosa”. Ligeros recuerdos de aquel, pero más por sugestión que por sabor. No acabó de evocarnos al pastelito que seguimos comprando de vez en cuando en casa. Aun así, muy bueno y un buen final dulce.

Suspiro de café y amaretto
Pink Panter

Para beber, una cerveza llamada Beauty de aloe vera, una American Pale Ale, ecológica y artesana. Está bien que en un restaurante de esta calidad te sorprendan también con la cerveza, aunque eché en falta que me dieran alguna opción más, ya que me sirvieron esta al pedir una cerveza. En cuanto al vino, pedimos un par de copas de tinto y nos sirvieron uno con 80% monastrell y 20% syrah. Lo siento mucho, pero no recuerdo el nombre. Se me quedó algo así como “Emi” pero no localizo nada (es lo que tiene no hacer fotos de todo… si me puedes ayudar, encantado de corregir este párrafo).

 

Coclusión:

En resumen, cena de muy alto nivel, quizá de lo mejor que conozco en Elche en este tipo de cocina. Solo me puede faltar algún guiño más a la gastronomía local, pero haciéndolo tan bien, el localismo lo dejamos para otro día, que tampoco hay que estar dándole vueltas siempre a lo mismo y lo que está bueno, está bueno, independientemente de dónde sea. Muy buena mezcla de sabores, técnicas perfectamente ejecutadas, menú extenso pero que no se hace largo ni cansa, junto con mucha calidad en todos los rincones. Para no perdérselo.

Cerveza Beauty