Calidad y servicio contra el gafe, restaurante D’Boo

Lo bueno de tener amigos en Facebook con criterio gastronómico aceptable, que hay más de uno por mucho que alguno diga lo contrario, es que te llegan a descubrir joyitas que de otra manera no hubiera conocido. Esto me ha pasado con el Restaurante D’Boo, en pleno centro de Elche que, en las dos visitas que les he hecho, me ha ganado totalmente. En un local que, como dice mucha gente, parece gafado (han pasado varios negocios sin éxito), te sorprende la calidad de su cocina.

La primera visita fue un domingo a mediodía. Nada más entrar daba la sensación de soledad. La barra dominaba una planta vacía. Rápidamente nos invitaron a pasar al sótano, indicándonos que había ludoteca con cuidadora ya que íbamos con mi hija. Primer punto a favor y muy destacable dada la escasa oferta de restaurantes con este tipo de servicio. Además, con un menú infantil más que interesante. Así que bajamos a un enorme salón, bien decorado, cómodo y bien iluminado a pesar de no tener luz natural. Una botella Magnum en cada mesa hace las veces de incómoda carta de vinos (parece que la van a cambiar). La extensa carta, quizá demasiado, nos hizo ir a lo fácil en esta primera visita y elegimos el menú de 18€. Otro punto a favor: un buen menú de domingo. La segunda visita, ya por la noche, sería con platos de la carta a compartir.

En ambas ocasiones empezamos con una cortesía de la casa, consistente en unas cremas para untar en el pan. Una de sobrasada con miel y otra de queso con finas hierbas, bastante interesantes. La de sobrasada especialmente buena. El pan, sin tostar, pero con un punto caliente, daba esa sensación de recién hecho y estaba más que aceptable.

El menú consistió en unos “velos de berenjena con miel”. Láminas de berenjena muy finas rebozadas y perfectamente fritas. Nada aceitosas y de buen sabor. Quizá, cortadas algo más gruesas ganaría el sabor de la berenjena sobre el rebozado. Tras esto, un “crujiente de huevo y foie”. Ambos ingredientes en un saquito de masa bric. El huevo en su punto, con la clara hecha y la yema líquida. El foie excesivamente cocido, se había quedado duro y perdió la melosidad que lo debe caracterizar y que debía mezclarse con el huevo al romper el saquito. La “ensalada D’Boo” con un mezclum de lechugas, queso azul, manzana y frutos secos estaba más que buena. Potente de sabor, pero donde todos los ingredientes armonizaban de lujo, sobre todo la fruta y el queso. Como plato principal, un “arroz empedrat” con ese telo de haber acabado el arroz en el horno que, particularmente, tanto me gusta. Para la próxima nos recomendaron el arroz con bacalao y cebolla. Un arroz que me encanta y que no tardaré en volver para probarlo. De postre una “tarta de la abuela”, la de galletas y chocolate, muy buena, con unas capas bien definidas y melosa, nada seca. Por otro lado, un “flan de café descafeinado”, de textura algo densa y de sabor demasiado suave para mi gusto, aunque a mi mujer le encantó.

En la cena pudimos pedir más cosas de carta además de algún plato fuera de ella. Así, pedimos unas estupendas “tellinas”, sabrosas y sin un grano de arena, salteadas con un poco de ajo. Un “pulpo a la brasa” realmente bueno, acompañado de patatas y un cous-cous verde. Una buena “ensalada de confit de pato y queso parmesano”. Además de un “carpaccio de bacalao” con toques japoneses que era una bomba en la boca. Como platos principales probamos la “lubina en costra de merengue y sal”. Plato que no había probado, similar al pescado a la sal. Perfecto de cocción, jugoso y sabroso. Además de un “entrecot de ternera gallega” salteado con ajetes y tomate seco de muy buena calidad. Como postres destacó el semifrío de turrón.

El servicio, y es triste que sea así, sorprende por ser demasiado bueno para el sitio en el que estás. Y me explico. Se hace raro que estén atentos a todo. Preguntando pero sin agobiar. Cambiando cubiertos y platos un par de veces durante la comida. Ofreciendo alternativas cuando dejas algo en el plato. Limpiando las migas de la mesa antes de los postres. Todo de 10. Sólo una pega: el exceso de explicaciones cansa, ya que la mayoría de los platos o las sugerencias no necesitan tantas florituras. Pero en general, es una sala que te hace ganar clientes. Un ejemplo para muchos.

En resumen, local con una cocina que sorprende por su calidad, tanto en las elaboraciones como en los productos. No aparenta desde fuera lo que te encuentras dentro. Tienen trabajo para darse a conocer, porque el emplazamiento es inmejorable. Si siguen así, no tendrán problema para acabar con el supuesto gafe del local.

Artículo original publicado en la edición en papel del Diario La Verdad de Alicante el domingo 21 de febrero de 2016:

2 Comentarios

    • Félix

      Apúntalo en la lista de “pendiente” Carlos 😉
      Un abrazo

      Responder

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