Restaurante El Pescador en Alicante

Hace un par de fines de semana estuvimos comiendo un grupo de amigos en el restaurante El Pescador. Local situado en el muelle de Poniente, con vistas al puerto deportivo y a la ciudad de Alicante. Situación muy interesante para dar un paseo previo o posterior a la comida y disfrutar de las vistas tanto del puerto como de la ciudad de Alicante. El local es amplio, aunque la mesa que nos pusieron a nosotros era pequeña para la gente que fuimos y estuvimos algo apretados. Teniendo en cuenta que el local no estaba ni mucho menos lleno podían haber colocado una mesa más. Es un local bonito, luminoso y decorado con motivos marineros y fotos de Alicante.

En esta ocasión nos pedimos el menú más económico que ofrecían (después de todas las fiestas el bolsillo se resiente y hay que apretarse un poco el cinturón). Consistía en tres platos al centro a compartir, uno principal a elegir entre arroz, carne o pescado y postre o café (no entraban las bebidas), todo por 15€/pax.

Empezamos con un tomate raf con ajo del que sólo voy a decir un par de cosas. En primer lugar, no era tomate raf y el ajo mataba el poco sabor que podía tener el insulso tomate. Y en segundo lugar, es un plato de los que no deberían poner (o cobrar) en ningún sitio y, menos, engañando al cliente. Hasta el aceite con el que iba aliñado era triste…

Como segundo plato a compartir entraban unas bastante correctas, aunque escasas, croquetas de jamón. Escasas porque sólo entraba una por cabeza. Correctas porque estaban buenas, eran caseras y estaban bien fritas, aunque le faltaba algo de sabor. Pero una pregunta: ¿eran necesarias esas hojas tristes como acompañamiento? En la foto se aprecia el detalle (y no es que nos comiéramos una parte).

Como último aperitivo trajeron unos mejillones en salsa. Un plato bastante desacertado. Unos mejillones hechos al vapor, al que se le había añadido por encima una salsa a base de tomate y, quizá, algo del caldo de los propios mejillones. En el plato quedaba un “agüilla” en el fondo nada agradable. Lo único destacable era la cantidad y cierto puntito picante. Deberían darle una buena vuelta al plato.

Así llegamos a los platos principales. De los 10 adultos, todos pidieron arroz a banda menos yo, que venía de comer varios días arroz y me decanté por una cazuela de bacalao. Sinceramente, no me gustó ninguno de los dos. Un arroz de esos que por mucho rato que lo dejes no se va a pasar, con una base aceptable y con trozos de calamar. Lástima del tipo de arroz usado porque ganaría bastante con uno que absorbiera mejor los sabores. El bacalao no estaba mal, servido en una cazuela blanca (si no la vas a limpiar antes de servirla, mejor ponla marrón o negra) y acompañado de cebolla, pimiento verde y pimiento rojo, en enormes tiras (si es un plato de cuchara, no debería usar cuchillo y tenedor para partir los ingredientes). Pero todo lo mataba la salsa. Con tomate. Mucho tomate. Sólo sabía a tomate. Una lástima, porque este tipo de cazuelas, como es lógico, ganan cuanto más saben a pescado. Y este no era ni mucho menos el caso.

En cuanto a los postres, probé dos de los que ofrecían. Por un lado una crema de frutos rojos bastante pobre, bien presentada en un vaso, pero aguada y poco consistente, donde no se definía ni el sabor de la crema ni el sabor de los frutos rojos. Y por otro lado un tiramisú, también presentado en un vaso, pero con la misma falta de sabor y exceso de cacao por encima. Bastante mejorables.

Acompañamos la comida con varias jarras de cerveza, alguna botella de agua y un vino blanco, Gilda, un verdejo de 2013 de la DO Rueda. La confirmación que por pertenecer a una DO no tiene por qué tener calidad. Malo hasta decir basta. Y a 12€ la botella. Quizá lo mejor de la comida fue el servicio, atento y rápido en todo momento, con poco tiempo de espera entre plato y plato. Sin ninguna pega.

La cuenta final quedó en 20€ por cabeza. Para la calidad de lo comido me parece caro. Para la cantidad, simplemente correcto. Hacer mención también que pedimos tres menús infantiles, consistente en unas croquetas y calamares a la romana y, como plato principal, unas hamburguesas (no tenían grandes por lo que les pusieron tres minis), además del postre que no pedimos porque no quisieron los niños. Este menú eran 12€ por niño. Este sí que me pareció caro (un menú adulto 15€ y uno infantil 12€ parece una proporción bastante mala).

En definitiva y como resumen, sitio que sólo se salva por las vistas y la situación del local, además de por un servicio correcto, ya que por la comida y precio hay muchos sitios mejores.

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Puntuación (aquí la explicación de las notas):

Ambiente: 6,3

Servicio: 6,6

Cocina:

  • General: 4,3
  • Postres: 4,9

Relación Calidad/Precio: 4,5

Visibilidad Empresa: 7

Nota media: 5,2

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