Restaurante Candela en Alicante

Cuando hablas de restaurantes para comer arroz cerca de Alicante, mucha gente habla muy bien del Restaurante Candela, situado en la carretera de Benimagrell, frente al Restaurante la Vaquería. Muy buenas referencias en cualquier página, leas donde leas. Os voy a contar mi experiencia, en la que tengo algún “pero” que poner.

El ambiente no deja de ser coherente con la zona en la que se sitúa: casi en la playa de San Juan. A pesar de acondicionar y cerrar la terraza para el invierno, no deja de ser un restaurante de playa, por lo menos la parte exterior que es donde comimos. Con vistas a un jardín interesante, deberían cuidar más la piscina para que no diera  imagen de dejadez, ya que está llena de hojas (quizá por el viento) y el agua de un color verde algo desagradable. Un chalet grande, que intenta ser elegante, aunque le pierden los acabados. Es cómodo, pero faltan muchos detalles por pulir.

La idea que teníamos era pedir uno de los famosos arroces a la leña, por lo que nos decantamos por el “menú arrocero”, compuesto de 4 entradas, arroz a elegir entre varios tipos y postre (con una bebida incluida).

Así, tras llegar los 8 que éramos, nos acomodaron en una mesa cuadrada amplia. Un acierto del restaurante este tipo de mesas, grandes, cuadradas o redondas, donde todos los comensales se ven (no se trata de esas incómodas mesas alargadas donde no consigues cruzar palabra con la otra esquina de la mesa). Mientras nos decidíamos sobre el arroz a pedir, pronto trajeron unas cervezas, unas buenísimas aceitunas deshuesadas con anchoa y pimiento, junto a un buen pan tostado con tomate y alioli.

Empezaron a llegar cada una de las cuatro entradas, todas individuales. En primer lugar una “versión del soparet alicantí”. En este caso se presentaba un crujiente de masa filo con unas verduras, mollitas, sardina ahumada y un huevo de codorniz a la plancha, acompañado de unos germinados y encurtidos. Teniendo en cuenta que dicho “soparet” consiste en huevos fritos, sardina salada y ñora, esta versión es algo libre, pero dio un resultado exquisito. Para mí, el mejor plato de toda la comida.

En segundo lugar teníamos el “canelón de setas y alcachofas, sobre reducción de mistela y crispis de pasas”. Una buena idea que no me acabó de convencer, ya que la seta tapaba totalmente el sabor de la alcachofa, que no se encontraba por ningún lado. Siendo temporada de alcachofas, debió conseguirse un equilibrio de sabores mejor.

Como tercer aperitivo nos sirvieron unos “tacos de bonito con sésamo y salsa acidulce”. En este caso tuve mala suerte, ya que me tocó uno de los que estaban más hechos, cuando a mí me gusta casi crudo. De esta manera, el mío estaba bastante seco, aunque bueno de sabor. A mi lado tocó uno perfectamente hecho, rosado en su interior y con un tostado alrededor muy bien conseguido. Un plato interesante, aunque algo escaso, pero en el que deben cuidar los tiempos de cocción para que no haya tanta diferencia entre cada trozo.

Por último llegó un “Ferrero Roché de pato confitado con salsa de naranja y cristal de foie”. Fue el plato que menos me gustó. Me pareció muy empalagoso y pesado de comer. Quedaba como una masa sin definir, con sabor a pato pero muy basta. No se veía por ningún sitio la similitud con un bombón “Ferrero Roché” y lo acompañaban con unas láminas de mini mazorcas a la plancha que no pintaban nada en el plato. Creo que deberían refinar mucho más tanto la presentación como la palatabilidad, demasiado basta y tosca. Muchas cosas por pulir.

Y así, llegamos a los deseados arroces. Nos dieron la posibilidad de elegir y servir dos arroces por persona, por lo que nos decantamos por el  arroz con conejo y caracoles y por el arroz negro con sepionet y alcachofas. Ambos arroces me parecieron correctos, buenos de sabor y el arroz con el punto perfecto. Pero en ambos casos les faltó algo. En ninguno se notaba que hubiera sido hecho a la leña. El único aroma a leña que nos llegó fue cuando presentaron las paellas. Estaban buenos, pero a los dos les faltaba algo de chispa, de intensidad en los sabores, muy planos, algo que les hiciera merecedores de tantas buenas palabras que había leído.

Y tras los arroces, los postres. Una buena selección de postres a elegir por comensal, todos dentro del menú. Una tarta de queso y limón con un sabor muy fino, sin base de galleta, ligera y de buena calidad. Un coulant de chocolate correcto y bien hecho (con el interior líquido, como debe ser), aunque para mi gusto el chocolate bastante “arenoso”. Y el que pedí yo, que me pareció de un sabor y acabado espectacular, un bizcocho de canela, con helado de turrón y sopa de vainilla, acompañado de una vela de caramelo y frutos secos (muy buena, aunque el caramelo demasiado gordo). La mezcla de los tres ingredientes del postre era perfecta. Muy recomendable.

Todo el menú lo acompañamos, además de por las cervezas al principio y varias botellas de agua, con dos botellas de vino. La primera, un Juan Gil DO Jumilla de 2011, un tinto crianza monastrell realmente espectacular. Y como, por desgracia, ésta era la última botella que le quedaba, cambiamos en la segunda ronda a un Beryna de Bodegas Bernabé y Navarro DO Alicante, otro tinto crianza y con predominio de monastrell, para seguir con la línea del anterior. Un buen vino pero eclipsado por el Juan Gil. Por último, nos dejaron en mesa unas botellitas de mistela con vodka, a las que se había añadido una  rama de canela envuelta en corteza de limón. Gran mezcla, de un aroma y un sabor espectacular. Lo acompañaron por unas brochetas de fresas bañadas en chocolate. Idea genial y gran detalle.

El servicio fue correcto y atento en todo momento. La comida no fue corta, porque el menú era extenso, pero en ningún momento tuve la sensación de lentitud o retraso. Un buen ritmo en el servicio, sin esperas y agradable.

Todo lo comentado, correspondiente al menú de 27€, quedó, debido a las dos botellas de vino, en 32€ por cabeza. Un precio que me resulta justo para lo comido, sin ser barato, y teniendo en cuenta los detalles que, a mi parecer, creo deben mejorar. Sobre todo, no me cuadra que un restaurante cuya bandera sean los arroces tradicionales a la leña, se desmarque con unas entradas de cocina más creativa, donde se nota que no están acostumbrados a trabajar. Mejor seguir con la tradición en los entrantes, que en Alicante tenemos muchos y muy buenos.

Ambiente: 5

Servicio: 8

Cocina: 6

Postres: 7

Relación calidad precio: 6

Nota media: 6,4

 

Imagen de portada de: blogs.mis-recetas.org

2 Comentarios

  1. Oskar9X

    Como siempre, un análisis y una prosa excelentes 😉

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    • Félix

      Muchas gracias Oskar 😉

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