Restaurante Casa Paqui en Castalla

El pasado fin de semana aprovechamos que ya hace un frío interesante en esta zona del Mediterráneo (aquí tener 8ºC es frío, es así, lo siento), para acercarnos  a Castalla a comer un gazpacho. Muchos sitios en la zona, algunos con más fama que otros, así que finalmente nos decidimos por Casa Paqui (tanto por las recomendaciones de alguno de los amigos con los que fui, como por las opiniones en el grupo de Facebook “Comer y beber en Alicante”). El cocinero es Matías Juan Rico, formado en los CDT de Alicante y Benidorm entre otros sitios, y especialista en el gazpacho típico de la Foia de Castalla y arroces con conejo.

El restaurante, situado en la calle Les Eres 35 de Castalla, es un local pequeño, acogedor, bien decorado e iluminado, con mesas y sillas de madera, cómodas, aunque el tamaño de la pata de las mesas siempre hace que alguien esté algo más incómodo (detalle sin importancia). Las mesas son amplias, vestidas con manteles y servilletas de tela, con espacio de sobra para que no se amontonen todos los platos que sirven y bien separadas unas de otras.

Aperitivos Casa Paqui

Aperitivos Casa Paqui

Nada más sentarte ya tienes la mesa llena de comida. Por un lado unos encurtidos (pimiento, tomate, zanahoria, coliflor y pepinillos), por otro, unas magníficas olivas partidas de dos tipos, unas verdes más amargas, otras negras más dulces. Junto a esto, las típicas almendras, pero estas con la piel bien tostada y muy sabrosas, además de una bolsa de patatas fritas de la marca El Valle (de Villena), muy buenas, nada aceitosas y en su punto de sal. También unos platitos con embutido crudo (longaniza blanca, roja y morcilla), de buena calidad, aunque para mi gusto le faltaba algo de sabor y fuerza (quizá un puntito picante). También había servida un par de ensaladas, grandes, de lechuga, tomate, huevo duro, rábanos y unos dados de queso. Bastante pobre y poco original. Además, no queda bien tener la ensalada servida con mucha antelación porque, a pesar de no estar aliñada, los ingredientes pierden agua y se queda esa sopa en el fondo muy poco agradable.

Mientras nos comíamos esta parte del aperitivo, nos trajeron el entrante caliente que tenían ese día, unos corazones de alcachofas rebozados. Deliciosos. Con un rebozado crujiente, seco, nada grasiento, que dejaba saborear perfectamente la alcachofa, que estaba muy tierna. Mezclados con un poco de miel, que ya estaba en la mesa para el gazpacho posterior, era un aperitivo tan sencillo como bien hecho.

Gazpacho y postres

Gazpacho y postres

Así, sin parar de comer, nos trajeron las cocas donde sirven el gazpacho. Una enorme coca cada 4 personas, crujiente, esponjosa (supongo que por la levadura que le añaden) y con un aspecto dorado tan bueno que daban ganas de comérsela tal cual. Sobre ella, al momento, empezó el festín. Con una olla y un buen cucharón, llenaban la coca hasta su mitad con el gazpacho. Conejo, algo de cerdo, setas y caracoles, acompañado del punto justo de hierbas (se notaban la pebrella y el romero), daban al caldo un sabor espectacular. Sólo se hace pesado porque cada vez que ven que te has acabado el interior de la coca te lo vuelven a rellenar, lo que te hace entrar en una espiral de chulería “a ver quién puede más”, que lo único que te lleva es a bajar la cabeza y rendirte J

Tras terminar la última cucharada de gazpacho, toca comerse la coca, acompañada de las dos jarritas con alioli y miel que estaban en la mesa desde el principio. Lo del alioli me pareció demasiado para todo lo que llevaba comido, así que me tiré directamente a la miel. Empecé por la parte exterior, cometiendo un error de principiante. Como me indicaron al rato, la mejor parte es la interior, la que ha quedado totalmente empapada del caldo del gazpacho. Y efectivamente, ese sabor potente a campo del caldo, unido al dulzor de la miel, hace un bocado espectacular, que entra sin pensar a pesar de todo lo comido.

Y con todo esto entre pecho y espalda, de postre pedimos “algo con chocolate”, así que nos trajeron dos platos con una degustación de las tartas de la casa. Muy buenas. De apariencia “algo industrial”, pero de sabor muy fino y conseguido. Tartas de chocolate, de queso, de San Marcos, de café y de turrón. A cada cual mejor. Muy recomendable dejarse sitio para el postre. Junto a esto, algunos pidieron un plato de fruta, con la intención de aligerar algo lo comido. Yo, teniendo las tartas al lado, ni la probé.

Todo lo acompañamos de agua, cervezas y el vino de la casa, servido en una jarra de cristal, de muy buena calidad para ser de este tipo, nada peleón (aunque alguno lo acompañara de gaseosa). Tras la comida nos invitaron a unos chupitos de orujo de hierbas y orujo blanco, con el detalle de dejar las botellas en la mesa (algo que se está perdiendo y con lo que es tan fácil quedar bien).

El servicio fue perfecto, siempre atentos a cualquier cosa que pidiéramos, sirviendo con ritmo, sin dejar que faltara gazpacho en la coca y con mucha amabilidad. Muy buena calidad en general, lo que se demuestra por qué tenían el restaurante lleno y no dejó de entrar gente a llevarse para casa ollas con el gazpacho hecho. El menú de gazpacho que os he contado sale a 27€ por persona (en la cuenta lo único que aparece es el número de comensales y el precio final. No es barato, pero teniendo en cuenta que puedes repetir de gazpacho tantas veces como quieras, lo hace un sitio muy recomendable para pegarse un atracón con una calidad alta.

Ambiente: 7

Servicio: 8

Cocina: 8

Postre: 8

Relación calidad-precio: 7

Nota media:  7,6

2 Comentarios

  1. Fernando

    Muy bueno el gazpacho, sí Señor! Tendremos que repetir!

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    • felixcardona

      Tenemos que hacer más escapaditas. Hay mucha provincia.

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