Restaurante: Antiguo Convento en Boadilla del Monte (Madrid)

La opinión de hoy es, seguramente, la más comprometedora de las que he escrito hasta ahora. Os explico, se trata de la cena que organizaron unos amigos, ya familia, por el bautizo de su hijo. En un ataque de locura, me han hecho padrino de Álvaro, una criaturita sin opción de elección, que lo primero que hizo cuando me vio fue un puchero y un amago de lloro (sabía lo que le viene encima…). Luego nos fuimos conociendo, y ya nos llevamos mejor.  Así que, con todo el cariño del mundo, un enorme agradecimiento y por la insistente (como poco) petición de toda la familia Martínez, ahí voy con la opinión del sitio donde nos invitaron a cenar (salto sin red 😉 )

Antigüo Convento en Boadilla del Monte

Se hizo en el Antiguo Convento de la localidad de Boadilla del Monte en Madrid. Es un marco espectacular preparado exclusivamente para eventos. Un antiguo convento de las Carmelitas Descalzas de 1674, en el que, desde la entrada, pasando por el claustro, hasta el salón privado donde cenamos, te envuelve en algo exclusivo, histórico y muy bien cuidado. Con jardines interiores donde, una cigüeña desde lo alto de una de las torres del convento, estuvo observando envidiosa el cóctel de bienvenida, anterior a la cena que nos esperaba.

El cóctel trató de pequeños “bocaditos” muy variados y muy buenos, acompañados de vino blanco y tinto, cerveza, cava y refrescos. Entre los aperitivos hubo una buena “brocheta de mozzarella y tomate cherry”, con una salsa de albahaca a la que le faltaba potencia, porque no se notaba en el conjunto. También unos “chips de patata con tartar de salmón ahumado”, presentado en una pequeña croqueta coronada con eneldo, buen sabor y color, lo que indica que estaba preparado casi al momento (no oxidó). Una “patatitas con huevas de trucha” rellena de crema de queso, un poco basta la patata, que mataba el sutil sabor del relleno. Una cucharita de “lentejas con foie-gras a la vinagreta de mostaza”, una especie de ensalada de lentejas frías con un dado de foie, sal en escamas y un toque dulce dado por la vinagreta. A mí me gustó mucho, aunque no todos opinaron lo mismo. Una “brocheta de pulpo a la vinagreta de verduras”, presentado en un vasito, con el pulpo gelatinizado y cortado en dados, con muy buen sabor. Una forma distinta de presentar un salpicón de pulpo. Una “coca de anchoas con aguacate”, de muy buena calidad, muy fina, con un gran sabor de la anchoa y buena mezcla con el toque fresco del aguacate. En definitiva, aperitivos de un nivel muy bueno que anticipaba la calidad del restaurante.

Tras esta bienvenida, pasamos al salón privado, donde una mesa enorme, perfectamente adornada, nos esperaba, con varios cuadros históricos observándonos. Así que nos sentamos y, sin esperar prácticamente nada, nos trajeron el primer plato del menú, una “ensalada de langostinos y carabineros con espárragos trigueros al vinagre de Módena”. Presentada en forma de timbal, con un mezclum de lechugas donde apoyaban tres langostinos y tres carabineros hervidos y limpios. Quizá al carabinero le hubiera venido bien la plancha y acompañarlo de sus cabezas, pero tenían un buen sabor. Se acompañó por una espuma de espárragos trigueros y una mermelada de tomate (el vinagre de Módena no lo noté por ningún sitio), puestos a la derecha del plato, para que sirviera como aliño. La espuma muy buena, dando un toque original y distinto como guarnición/aliño. En cuanto a la mermelada, bastante recurrida en otros platos, marida muy bien tanto con el mezclum de lechugas como con el marisco, aunque le mate algo el sabor a estos últimos. Un plato más que correcto. Acompañado por un vino blanco Viña Cantosán de la DO Rueda.

En segundo lugar llegaba la carne. Un “solomillo de buey con salsa de boletus”. El mejor plato de la noche. Un solomillo de buey perfectamente hecho, sobre todo si te gusta la carne en su punto o poco hecha. Con el toque dorado y crujiente por fuera y jugoso por dentro. De un buen tamaño (con lo complicado que parece que en un evento de este tipo, donde sirven muchas raciones, hagan una carne con un buen punto de cocción). Con una salsa de boletus, con trozos de esos boletus acompañando en la guarnición junto con las patatas. Muy buen conjunto. Quizá la guarnición podía haber sido algo más original, pero la calidad de la carne era extraordinaria, por lo que no se echó de menos nada más. Esta carne estuvo maridada por un tinto Melquior Colección Familiar DO Rioja.

Por último, de postre, una “tarta de tres chocolates”. Como me ha confesado la “anfitriona”, una tarta para que guste al máximo de número de personas, sin riesgo, pero buena y bien hecha. Así que objetivo cumplido. Un buen postre, que gusta a todo el mundo. Aunque algo más de riesgo me hubiera gustado 🙂 .

Tras esto, con los cafés y licores varios, presentaron unas “tejas de almendra y mignardises” (dulces que acompañan al café), en este caso unos de yema y otros de chocolate.

El servicio fue muy bueno. Rápido, atento, sin hacer nada de ruido ni molestar en ningún momento. Muy profesional.

En resumen, una gran cena en un lugar excepcional y con una muy buena cocina. Pero, sinceramente, la cena era algo secundario para mí al lado del significado del fin de semana y del hecho que dos amigos me hagan parte de su familia. Algo que no se me olvidará en la vida. Gracias Pepe y gracias Isa.

Ambiente: 9

Cocina: 8

Postre: 6

Servicio: 9

Relación calidad-precio: –

Nota media:  8

3 Comentarios

  1. Cristina Pérez Segura

    Felix, echo muy de menos alguna foto de lo que degustasteis, ya se que la celebración no “casa”con la fotografía pero… hubiera sido encantador.

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    • felixcardona

      Como iba de invitado, me supo mal hacer fotos. Hay veces que la gente se incomoda si sacas el móvil en mitad de la cena. Por eso no hice.

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