Razones de una desilusión | La Gastroteca de Félix

El 90% de los blogs se abandonan antes del primer año de vida. Yo estuve publicando de manera regular, como mínimo un artículo a la semana, durante más de 6 años. Lo dejé de hacer hace un año. ¿Por qué? No hubo sólo una razón. Hay muchas. Aunque la más importante fue la desilusión.

Desilusionarme. Perder parte de la pasión por la gastronomía hizo que perdiera las ganas de contarla. Quizá llegué al famoso bloqueo de “parálisis por exceso de análisis”. Seguramente le daba demasiadas vueltas a las cosas. Era momento de cambiar. De evolucionar. Así que me vais a permitir que escriba algo a modo de desahogo/psicoanálisis/reflexión. Para coger carrerilla y volver.

Hay cosas que veo día a día que me desilusionan. Me pasa cuando voy a ciertos restaurantes, cuando hablo con amigos que se dedican a la gastronomía, al ver las redes sociales, en las conversaciones de Whatsapp. Cosas que me han hecho pasar de un estado optimista del “esto se puede cambiar”, a otro más pesimista y pasota, de una asquerosa indiferencia donde pienso que “si nadie cambia nada, será por algo”.

Desilusiona ver la falta de capacidad crítica para ver la realidad. La monotonía y la rutina. Empezando por mí mismo. Caes en siempre lo mismo. Una y otra vez. Ya no sorprende casi nada. Los platos se repiten de un restaurante a otro. Copias y adaptaciones mal hechas o hechas a medias. Sabores planos. Ninguna sorpresa.

Desilusiona ver cómo los vendehúmos y vende motos, siguen convenciendo (engañando) a gente con ilusión. Los proyectos de grandes restaurantes sorprenden por efímeros. Promesas de estrellas Michelin que se derrumban en menos de dos años poniendo a prueba la ilusión de grandes cocineros. Muchos de ellos tienen salida porque consiguen o disponen de recursos y, además, porque son muy buenos. Los que les llenaron los oídos de cantos de sirena se van con los bolsillos llenos a buscar futuros clientes y venderles el cuento. Porque todo es negocio. Porque siempre habrá alguien a quien llenar la cabeza de pájaros.

Desilusiona la cruda realidad simplemente desayunando cada día. Mi recorrido por las cafeterías del centro de Alicante (casi 150 diferentes) probando los desayunos, convirtiéndome en “el de las tostadas” no ayuda precisamente a ilusionarme. “El tostaditas” se da cuenta que la mediocridad es lo aceptado. La mala calidad es vista como lo habitual. Y, lo que es peor, a la mayoría le da igual. ¿Qué mas da que el café esté amargo y le tengamos que matar el sabor con azúcar? ¿Qué mas da que el pan esté insulso, duro y seco? Y, lo que más me sorprende: la indiferencia respecto al aceite. España es el primer productor mundial, con una calidad excelente en muchos casos (y a un gran precio), pero nos conformamos con aceiteras rellenadas (en más del 30% de los desayunos), pringosas y sucias con aceites indefinidos. Italia nos come la tostada. Nos da igual. 

Desilusiona ver cómo los palmeros boicotean al que no piensa como ellos. Decir lo que piensas está mal visto, aunque te llamen para que lo digas (es mentira, no te llaman para eso). No se plantean que puede haber algo que no te guste en el local del que cobran por llevar la comunicación (porque para eso te invita, para que hables… pero bien, no se te ocurra salirte del camino marcado). Una crítica positiva con matices se convierte en una gran ofensa que lleva a un vacío incomprensible. Los de siempre sacan proyectos que se quedan en nada, se transforman en negocios que siguen sin aportar nada y crean una sociedad de amigos aduladores donde se retroalimentan sin sumar nada. Todo, según ellos, por el bien de la gastronomía local. Todo para vivir de su irrealidad y llenar sus bolsillos. Más mediocridad disfrazada.

Desilusiona ver cada vez a más gente chupando del bote.  Porque para vivir de mentiras y seguir llenando bolsillos siguen apareciendo asociaciones. No hay que negar que es una idea golosa. Hasta a mí se me ocurrió crear una. Menos mal que un buen amigo estaba en el proyecto y entre los dos sumamos algo de sensatez y coherencia. No queremos vivir del cuento, perdón, de las subvenciones. Cobrar a profesionales por un calendario. Por enviar un pdf. Por entregar unos premios vacíos y sectarios. Por decirle al restaurante dónde están sus problemas pero no darle ninguna solución. Por ir de la mano del ayuntamiento de turno para organizar concursos sin sentido. Promocionar las croquetas como atrayente turístico. O la cocina de Semana Santa como ejemplo de la cocina local. Despropósitos vacíos de contenido y llenos de intereses. Si tienes curiosidad, cuenta asociaciones de hostelería y/o de restaurantes en la provincia de Alicante. Un consejo, coge un folio grande…

Pero no todo es así. Por suerte hay una inmensa minoría con la que cada vez me siento más identificado. Por ser diferentes y pasionales. Ese tipo de personas que, cuando te cuentan una parte de su historia, le compras el resto casi sin conocerla. Porque sabes que merece la pena. Y lo confirmas cuando conoces las familias que hay detrás. Donde se reinventan continuamente porque tienen lo que la mayoría no tiene: pasión, ganas de trabajar, conocimientos, ilusión…

Pero todo es un juego de lo positivo frente a lo negativo. De lo desilusionante frente a proyectos, platos o personas que ilusionan. Así que me voy a agarrar a eso. Voy a volver a escribir. Depende del aprecio que me tengas te alegrarás más o menos. No sé cómo va a ser. Quiero empezar por el principio. Volver a ser el altavoz de lo que me gusta. Pero no voy a caer en el buenismo. Cuando vea mediocridad, falta de profesionalidad, geta y conformismo, también lo contaré con el respeto y educación con los que siempre he escrito. 

Vuelve a haber cosas que me ilusionan, así que espero poder transmitirlas.