Poco se puede decir de David Pastor y su cocina en Irreverente (www.irreverentedavidpastor.com). Quizá sea una de las más creativas de Alicante y de las más dinámicas, con cambios de carta continuos y su menú “Lo que quiera David” que nunca defrauda. Usando productos originales en elaboraciones sorprendentes, puedes ir cuántas veces quieras que será difícil repetir de platos. Y, aunque repitas, merece la pena.

Ya os conté una de mis experiencias anteriores en Irreverente por aquí, así que os dejo el enlace por si queréis poneros en antecedentes (artículo anterior). Si no, seguimos!

Esta última vez, como en ocasiones anteriores, cena para romántica para dos (porque sí, porque nosotros lo valemos) y a dejarnos llevar por el menú “sorpresa”.  Como digo, nunca fallas.

Empezamos con un clásico, como las almendras que no son almendras, sino turrón. Seguimos con un salmorejo especial, servido como un sándwich helado, con sus galletas, frío y sabroso a partes iguales, de los que disfrutas en cada bocado descubriendo matices y sonriendo por la presentación.

En tercer lugar, su “pajarito de mar”, una ensaladilla de salmón ahumado que sirven sobre pan de gambas. Quizá lo menos original del menú, pero muy buena.

Las croquetas de jamón con trompetas de la muerte son perfectas, tanto de tamaño como de sabor. No se hacen nada pesadas, suaves y con una fritura nada aceitosa. Una se queda corta, pero el menú es largo. Mejor ir dosificando.

Su ensalada “chilly crank” de cangrejo de concha blanda (sí, se come todo) es una explosión de sabor. Los hilos de guindilla le dan un toque picante sutil. Mezcla de sabores original. Cremosidad en una ensalada muy diferente a lo habitual.

El plato de oreja y sepionet me pareció una locura. No había probado un mar y montaña tan bueno desde hace mucho tiempo. Equilibrar la potencia de esos dos ingredientes es muy difícil, pero quedan de lujo juntos. Sin duda, imprescindible probarlo.

Y de carne: lagarto. No os asustéis, es un corte del cerdo de la zona del lomo, realmente entre las costillas y el lomo, y que se usa mucho en cocina con barbacoa. En este caso, en forma de pincho, acompañada de una salsa asiática con mucha potencia. Carne tierna y mucho sabor para acabar antes del postre.

Coulant de turrón de postre. Potencia de sabor. Turrón por todas partes. Quizá mucho postre tras tanto menú. Algo más ligero se agradecería, aunque está tan bueno que no le haces ningún asco. Para golosos y turroneros.

Lo acompañamos de una cerveza, un vermut y una botella de tinto Bala Perdida de la bodega valenciana Antonio Arráez hecho 100% con la variedad Bouschet. Vino diferente, como no podía ser de otra manera. Al final, 40€ por persona en un menú que se disfruta y mucho. Servicio ágil, rápido (quizá un poco de más en la presentación de algunos platos), pero correcto en todo momento. 

Sin duda, local imprescindible y que sirve para cualquier ocasión: cena romántica (como fue mi caso), con amigos, de negocios y, ahora que llega Navidad, para comidas/cenas de grupo o empresa. Si no lo conoces, estás tardando. No falla.