Una nueva edición de las Jornadas Gastronómicas en el Restaurante Alfonso Mira. De nuevo, las mejores jornadas que se organizan en la provincia. Lo atestiguan 17 ediciones con ésta (#17EGAlfonsoMira). Cientos de personas comiendo y/o cenando en la semana que dura este evento donde se mezcla todo tipo de cocina: más tradicional, más creativa, monográfica de un producto, usando una técnica o, como en el caso que os cuento hoy, hablando de la historia y el entorno de una bodega de la Ribera del Duero. Mucho más que una bodega como pude comprobar. Hoy toca descubrir Pago de Carraovejas, Vinos y Vides Ossian y su restaurante Ambivium.

Una de las mejores bodegas de España apuesta de forma importante por la gastronomía. Con el riesgo que lleva este tipo de apuestas. Y lo hacen con todo el sentido: piensan platos a partir de unos determinados vinos. Siempre será más complicado que buscar un vino para un plato. Por esto, el gran mérito de su cocinera, Marina De La Hoz y todo su equipo de cocina, complementado perfectamente por Luis de Miguel en sala).

Así, con todo el riesgo de dar de comer a casi 200 comensales en Aspe cuando están acostumbrados a servir una sala de 60 en Peñafiel (Valladolid), llegaron con un menú que presentaba los platos más representativos y con más demanda durante el escaso año que lleva abierto este local. Todos, como digo, pensados para acompañar a los vinos de Pago de Carraovejas y Vides y Vinos Ossian.

Restaurante Ambivium en Alfonso Mira

Sardina, fresa y regaliz

Restaurante Ambivium en Alfonso Mira

Ajoblanco con inflorescencias

Empezamos con dos platos visualmente muy “instagrameables”. Por un lado, sardina, fresa y regaliz. Pescado ahumado junto a una salsa de fresas y trozos de la fruta con unas esferificaciones de regaliz. El ahumado y el regaliz le van de lujo al dulce de la fresa, lo que se sumaba al yodado de la sardina. Para mí, un poco subido el dulce, pero no dejé nada. No cansaba. Seguimos con, posiblemente, el mejor plato de la comida: un ajoblanco con inflorescencias. Suave, cremoso, más una mouse que una sopa. Cada cucharada tenía un matiz gracias a esas “inflorescencias” en forma de brotes y aderezos. Impresionante.

Los entrantes consistieron en dos platos sencillos, cada uno con su toque. La sopa castellana, servida en una pequeña cazuela en la que había que romper y mezclar un crujiente de pan con distintos ingredientes de la sopa que habían dispuesto a modo de tapa. Una forma original y creativa de darle la vuelta a un plato tradicional. Pero sabía a sopa castellana. Igualmente la boloñesa de corzo sabía a lo que tenía que saber. A un tomate frito despacio, con la potencia de la carne de caza perfectamente controlada y una pasta casera que era más un acompañante para no volcarte la salsa a lo loco. Realmente buena.

Restaurante Ambivium en Alfonso Mira

Trucha ahumada

Restaurante Ambivium en Alfonso Mira

Jarrete de lechazo

Llegamos a los platos principales. En primer lugar un bofetón para todos los que nos gusta el salmón. Una trucha ahumada con remolacha de naranja realmente espectacular. Teniendo este pescado, no sé qué hacemos comiendo el nórdico. Punto perfecto, poco hecha, jugosa, sabrosa. El punto ácido de la remolacha de naranja le iba de lujo, pero semejante pescado necesita poco. Para la parte de carne, un jarrete de lechazo con ensalada de pimientos, hecho a baja temperatura y muchas horas, deshuesado y servido en forma de lingote. Muy bueno. La ensalada, de pimientos verdes y piparras, ayudaba perfectamente a limpiar el paladar entre cada bocado.

Restaurante Ambivium en Alfonso Mira

Naranja, laurel y aove

Restaurante Ambivium en Alfonso Mira

Tarta de manzana

El prepostre vino de lujo para limpiar y bajar un poco toda la comida. Un helado de naranja, laurel y aove, donde la mezcla de dulces estaba muy controlada y el toque del laurel siempre sorprende. Por último, su interpretación de la tarta de manzana. Muy buena, aunque al helado le faltaba cremosidad y quedó excesivamente cristalizado. De sabor muy logrado, el plato para nada recordaba una tarta de manzana, pero una vez en boca, todo era tarta.

Todo lo maridamos con una selección de sus vinos. Blanco Quintaluna 2016 (Verdejo) Vides y Vinos Ossian, Blanco Verdling Trocken 2015 (Verdejo) Vides y Vinos Ossian, Blanco Ossian 2015 (Verdejo) Vides y Vinos Ossian, Tinto Pago de Carraovejas 2015 (Tinto Fino, Cabernet Sauvignon, Merlot), Tinto Añejon 2009 (Tinto Fino, Cabernet Souvignon, Merlot) y Blanco dulce Verdling 2015 (Verdejo) Vides y Vinos Ossian. Por mi parte, no descubría Pago de Carraovejas porque ya lo conocía. Pero no era así con Ossian y me fui enamorado. El blanco Ossian 2015 me pareció todo un descubrimiento. Un blanco que no es blanco, pero tampoco es tinto. Que no se sirve ni como blanco ni como tinto. Pero que te conquista desde el primer sorbo. Vinazo.

Soy afortunado por poder disfrutar de este evento desde hace unos años. Me siento parte de la familia Mira y ellos me hacen sentir uno más. Tener la suerte de compartir mesa con Cristina Bello (Comunicación Pago Carraovejas y Ossian), Thierry Pezin (Director de Enoturismo de Pago de Carraovejas) y Pedro Ruiz (Director General de Pago de Carraovejas y Ossian) fue un placer.

Además, me confirma que todo gran proyecto está respaldado por grandes personas con un denominador común: la pasión por su trabajo. Pedro, Thierry y Cristina transmiten pasión. Ana, Teo, Alfonso y el resto de la familia Mira, transmiten pasión. Sin pasión, no hay éxito. Sin personas, los proyectos no tienen alma. Este proyecto me ha conquistado, porque  ¡¡¡A MÍ ME ENCANTAN LOS PROYECTOS CON ALMA!!!