Hablar con mucha gente sobre un tema te da la opción de cambiar de opinión porque te convencen o te dan información que no tenías. Pero puede ser que te reafirmes en tus ideas, porque los argumentos o la información que te dan confirman lo que ya sabías. Esto me está pasando con el tema de los desayunos con el que estoy siendo tan cansino últimamente en Facebook (lo básico: café con leche+pan integral+aceite). Al final te das cuenta que lo habitual, normal y excepcional para la mayoría está muy alejado de lo que yo considero que debería ser.

Lo habitual es que vayamos a sitios a desayunar con una calidad más que deficiente. Café malo, torrefacto, aguado, insípido, mal molido, con la cafetera sucia, con poca presión, con café muy prensado… Pan mal congelado y descongelado, de poca calidad, sin sabor, seco… Aceite en aceiteras rellenadas sin etiquetar y pringosas, de baja calidad, sin ser virgen extra, con aliños cutres a base de hojas de laurel…

Lo normal es que el cliente siga yendo a estos establecimientos sin pararse a pensar más allá del precio. No sale de su zona de confort ni de un establecimiento con carencias en cosas tan básicas como el café, el pan y el aceite. Se conforma con un buen trato del personal o de una limpieza aceptable. Lo normal es no preguntarse por qué sigo yendo a un sitio que no hace las cosas bien. La necesidad de alimentarse a media mañana está cubierta. “¡Para qué me voy a complicar!” Por desgracia, lo normal es ver que la falta de interés, la dejadez, la falta de pasión por su trabajo, la falta de profesionalidad y la desgana por aprender son denominadores comunes en un buen número de establecimientos de hostelería que abren con la opción de desayuno.

Lo excepcional es lo que se aparta de lo ordinario, la excepción a la regla común. En el caso que nos ocupa lo excepcional es plantearse como cliente si se pueden hacer las cosas de otra manera. Si hay forma de salir de esa normalidad tan deprimente. Por desgracia, lo excepcional es lo excelente. Lo excepcional es exigir una calidad acorde al precio que pagas. Lo excepcional es trabajar con profesionalidad para darle lo mejor a tus clientes. Lo excepcional como hostelero es buscar calidad en tres cosas básicas de las que sirves muchas veces a lo largo del día. Porque, de nuevo, “¡para qué me voy a complicar!, si el cliente va a seguir viniendo y no me va a exigir nada excepcional”. Pues debes ponerle ganas porque es la imagen de tu negocio. Y no pienso volver si no sabes buscar ni un buen café, ni un buen pan, ni un buen aceite. Además, demuestras toda la dejadez del mundo no poniéndole solución. Con un pasotismo insultante.

Así que lo habitual es acabar cada día desayunando en un sitio que hace las cosas mal. Es lo normal porque tenemos asumido, como borregos sumisos que van al matadero, que siempre ha sido así. Pero yo voy a seguir buscando y dando a conocer sitios que hacen las cosas de forma excepcional, saliéndose de la absoluta tristeza de una calidad baja que deprime cuando te paras a observar y a analizar lo que te ponen en un desayuno. Porque quien lo hace bien merece el reconocimiento. Porque quien lo hace mal lo sabe y no hace nada por cambiarlo por lo que merece mi más absoluto desprecio.

Pero claro, “hacer las cosas bien es caro”. Lástima que ese argumento sea MENTIRA.

PD: si quieres ver lo que me voy encontrando por los bares y cafeterías, te animo a que me sigas en mi página de Facebook: La Gastroteca de Félix