Sabéis que me gustan los restaurantes con una historia detrás. Cuando te cuentan cosas en el plato y van acompañadas de un relato del por qué y cómo ha llegado ahí, la experiencia me parece completa. Esto es lo que pasa en el Restaurante El Solet en Biar. El local está dirigido por Lorenzo Lorente y con Ferrán Arnau en la cocina. Un equipo que, cuando te sientas a hablar con ellos, sabes que va a triunfar. Tienen las ideas muy claras, saben lo que quieren y saben cómo hacerlo. Y, sobre todo, quieren aportar algo a su entorno y mejorarlo. ¡Qué pocos hay así!

A la sombra del magnífico castillo de Biar, una antigua bodega de piedra fue restaurada como restaurante. Con un enorme salón a doble altura, donde unas 15 mesas están en la parte superior, dejando la parte de bajo (apenas tres escalones) para la barra y una enorme cocina de leña, con barbacoa y horno, totalmente abierta y a la vista de todos los comensales. Un puntazo disfrutar del fuego tan cerca. Como detalle, quieren habilitar las antiguas cubas de vino en el sótano como “rebost” donde recibir a los comensales con un pequeño aperitivo de pie (magnífico espacio para contar la historia del edificio).

La carta es amplia, moviéndose entre entradas tradicionales como las cocas, croquetas, ensaladas de espencat y revueltos, hasta platos contundentes como gazpachos, arroces, pescados y arroces cocinados con diferentes técnicas. Pero prácticamente todo pasado por la brasa y el fuego. Lo que da un toque especial a cualquier plato. Se busca y se consigue una buena fusión con tradición y vanguardia. Hay que salirse de la corriente creativa sin sentido que nos invade, volviendo a la tradición, pero dando un toque de modernidad que demandamos todos. Si la tradición te suena a aburrimiento, en este local te van a demostrar que la tradición tiene muchas caras.

Nosotros nos decantamos por el “Menú filosofía” con todos los platos individuales (qué mejor nombre para contarnos su historia en sus platos). Empezamos con una mantequilla de cantueso y un paté de la montaña relleno de orejones, ambos elaborados por ellos, untados en un pan de masa madre de centeno (70% centeno y 30% trigo). El menú empezaba fuerte. Gran nivel que prometía una gran comida.

El primer plato fue una coca de aceite con sardina curada soasada, cabello de ángel y tomate confitado a la leña. Una bomba de sabor que mezclaba dulces, salados, ahumados. Imprescindible. Seguimos con el milhojas de sesitos de cordero acompañado de una “biar-nesa” cítrica. Las capas de patata crujiente acompañaban de lujo la cremosidad de los sesitos perfectamente fritos.

A continuación, una morcilla de verduras, tatín de manazna de Benejama y cebollino. De nuevo, mezcla de sabores dulces, salados, un toque picante. Todo en boca no se hacía nada pesado. Gran equilibrio.

Para la parte de pescado a la brasa nos pusieron un rodaballo “con tubérculos, raíces y aire de remolacha”. Un lomo de pescado con una cocción perfecta en las brasas, acompañado de una crema de hinojo marino, otra de boniato y unos bastones de zanahoria. La piel del pescado que había estado en contacto con la brasa era para llorar. Impresionante.

El momento carnívoro llegó con un magnífico solomillo de ciervo, pera soasada y patatas enmascaradas (receta catalana de patatas con morcilla). La carne se cortaba como mantequilla y tenía un sabor intenso a caza. La guarnición de patatas, quizá demasiado potente como acompañamiento para algunos, estaba realmente buena.

Para acabar y poder bajar semejante comida, vino de lujo el postre “mandarina y romero”. Una gelatina de almíbar acompañaba unos gajos de mandarina al que se añadía el zumo de la misma con toques de romero. Postre fresco pero de sabor y aromas intensos. Muy bueno.

El precio del menú fue de 36€, al que se añaden 12€ por el maridaje (4 vinos). Precio más que interesante porque sales, como se suele decir, rodando. Para el maridaje, en nuestro caso nos dejamos llevar por Lorenzo que nos ofreció cuatro magníficas referencias. Tres blancos y un tinto: Salino de Bodegas Vinessens con la “en recuperación” uva alicantina Malvasía; Juan Gil Moscatel Seco de Bodegas Juan Gil; Beni del Celler de la Muntanya de Muro de Alcoy; y el tinto “Celler de la Muntanya” de la misma bodega. Cuatro referencias imprescindibles en esta zona y que son auténticos vinazos. Gran elección.

En definitiva, el Restaurante El Solet de Biar es y será una referencia por su cocina tradicional, pero que merece una visita por la reinvención de ciertos platos, por la capacidad de sorprender con productos autóctonos trabajados desde una creatividad bien entendida y que siempre aporta. Pero, sobre todo, por tener muy claro lo que quieren, la calidad de su oferta y de sus productos y por saber cómo tienen que hacer las cosas para ser un referente en la zona. Sin duda, visita imprescindible.

Puntuación: 

(AQUÍ LA EXPLICACIÓN DE LAS CATEGORÍAS)

Visibilidad Empresa: 8,2

Instalaciones/Ambiente: 7,8

Servicio: 7,8

Cocina:

  • General: 8,9
  • Postres: 8,6

Relación Calidad/Precio/Placer: 7,9

 

Nota media: 8,1