En pleno paseo marítimo de El Campello, mirando al mar Mediterráneo, tenemos uno de los mejores restaurantes de la provincia de Alicante. Además de ser una referencia en la cocina de vanguardia, es una referencia para cualquier tipo de comida que te apetezca celebrar, sea familiar, con amigos, de negocios, romántica… Tanto el espacio como la carta permiten una flexibilidad que pocos locales ofrecen. Se trata del Restaurante Brel en El Campello

El espacio está abierto al mar, como debe ser dada su situación. Una terraza cerrada y acondicionada para el húmedo invierno alicantino y un interior amplio y diáfano, con las cocinas al fondo. Mínima decoración ya que los platos son los protagonistas. Gregory Rome en cocina, Pamela Romero en los postres y Jordy Rome, como sumiller y responsable de sala, te hacen vivir una experiencia distinta. Ojo a este equipo. Dará que hablar. Realmente bueno.

Como decía, la carta es amplia, aunque sin agobios, cubriendo cualquier situación. Entrantes fríos y calientes, principales, un apartado específico para guarniciones, salsas y panes, pasta fresca y pizzas. Cualquier gusto estará cubierto. En nuestro caso, siendo una mesa de 8 adultos más 4 niños, nos decantamos por unos aperitivos y un plato individual, además de pizza y pasta para los más pequeños.

Empezamos en la terraza, mientras llegaban los rezagados, con unas cervezas y unas croquetas de queso Parmesano Reggiano de 36 meses, hechas con leche de oveja y de vaca. Realmente cremosas y contundentes. Aquí sí que habría que criticar la falta de opciones fuera de carta para picar algo en la terraza, de pié, mientras se espera. Alguna opción más sería interesante. No tener unas patatas, frutos secos o encurtidos para este momento es algo que se echa en falta.

Ya en la mesa empezamos con un pulpo de roca a la llama y emulsión de pericana. Servido en una rejilla, estaba tierno y sabroso. Quizá un punto más de intensidad a la pericana le iría bien. Tras esto, unas originales piruletas de pollo (creo recordar que llevaban un toque de curry) envueltas en algodón de azúcar. Muy buenas, con el pollo de sabor contundente y tierno. Y, como era de esperar, la locura de los niños (y los no tan niños) con el algodón de azúcar. Tan efectista como interesante combinación. Muy recomendable.

Y llegamos a los platos principales. En mi caso opté por la costilla de cerdo cocinada a baja temperatura y ahumada, con salsa de su misma reducción y con empanadilla de verduras como guarnición. Tan grande como buena. Quizá una pieza más pequeña sería suficiente, pero estaba tan tierna y sabrosa que no sobró.

Como había confianza, pude pasearme por el resto de la mesa, tenedor en mano, a probar el resto de platos. Por orden, de los que más me gustaron a los que menos (que no quiere decir que no me gustaran), fueron: en primer lugar el Pad Thay de calamar con salsa de pescado, kikos, cebolleta, cayena en polvo, almendra (impresionante fusión de sabores); en segundo lugar el jarrete de cordero a baja temperatura, migas con tomate y salsa de yogurt ahumado con comino (carne ternísima y todo el sabor especiado de la salsa de yogurt). En tercer lugar la lasaña by Gregory Rome, hecha con pasta de wantong frita, carne de vaca vieja, bechamel de torta del casar, kikos, rúcula salvaje y aceite de albahaca (una vuelta a un plato tradicional realmente interesante); por último, el arroz carnarolli de turrón y gamba roja con alioli de nísperos (estaba muy bueno pero eran unos sabores tan intensos y dulces que me pareció un poco “cargante”). Mi hija se pidió una pizza 4 quesos (Edam, Parmesano, Mozzarela y Cabrales) realmente buena, donde se notaba la tradición de pizzería del local.

A los postres ya llegamos justos y yo, tras la costilla, más todavía. Así que sólo probé uno llamado “yogurt y cereales”. De nuevo una nube de algodón de azúcar coronando un enorme bol. Cuando te comías el dulce o hacías un hueco aparecía una quenelle de helado acompañada de cereales y frutos rojos. De nuevo, presentación original en un postre más que interesante.

El trabajo de sala fue perfecto en todo momento. Ágil, atento y aconsejando siempre que nos veían con alguna duda. Especial atención en servir primero la parte de los niños y que no les faltara de nada. Ni una pega. Acompañamos la comida de agua y cervezas, quedando la cuenta final en 40€ por persona. No es barato, pero la calidad se nota en cada plato, con técnicas y creatividad poco habituales en restaurantes de este precio. 

En resumen, el restaurante Brel en El Campello lleva un tiempo siendo una referencia en la zona. Nivel muy importante tanto en la calidad de los productos que usa como en las técnicas de cada plato, donde vanguardia y creatividad no hacen más que sumar puntos a platos más que redondos. Si no se deja engatusar por cantos de sirena en forma de nominaciones, estrellas y otras historias que les meten en la cabeza los vendemotos de siempre, tendrá un hueco preferente en la gastronomía levantina. Todo lo demás le llegará simplemente trabajando como trabajan desde la humildad. Enhorabuena a todo el equipo.

Puntuación: 

(AQUÍ LA EXPLICACIÓN DE LAS CATEGORÍAS)

Visibilidad Empresa: 8,1

Instalaciones/Ambiente: 7,2

Servicio: 7,5

Cocina:

  • General: 8,8
  • Postres: 8,5

Relación Calidad/Precio/Placer: 7,1

Nota media: 8,0