En la provincia de Alicante tenemos innumerables rincones con mucho encanto más o menos conocidos. Hace una semana tuve la oportunidad de conocer uno de ellos: la cala del Portet de Moraira. Allí han tenido el gusto de rehabilitar una antigua casa de hospedaje, que a partir de ahora será un pequeño y cuidadísimo hotel de 9 habitaciones excepcionalmente ubicado en esta cala donde, además, presentan una oferta gastronómica más que interesante y de la que os hablaré hoy. Os cuento mi visita al Hotel Mañet de Moraira.

Un lugar con historia, ya que fue en el siglo XIX casa de campo. Después fonda, gestionada por el bisabuelo del actual propietario, y que ha ido pasando de generación en generación hasta convertirse en un auténtico “hotel con encanto”. Asomado a la playa del Portet, no sabes si estás en un hotel clásico o moderno, ya que la reforma la han hecho con mucho sentido para no desentonar en el entorno sin perder ninguna comodidad.

Pero como aquí hablo de gastronomía, vamos a entrar en materia. El cocinero Raúl Pastor preparó unas Jornadas Gastronómicas a las que acudimos ilusionados por probar platos que, desgraciadamente, son difíciles de encontrar en los restaurantes de la provincia. Desde aquí mi enhorabuena por poner en valor estas recetas. Si consiguen encajarlas en su oferta de arroces, pescados y carne de la carta, será todo un acierto.

Empezamos con una “borreta de melva”, donde los tomates secos, ajos confitados y la melva en salazón conseguían el equilibrio perfecto. Receta que admite mil variantes, tantas como cocineros (hay quien le pone patata o alcachofa), pero tan tradicional en esta zona que no se le puede poner un pero. Bueno… quizá algo más de melva, un poco escasa. Pero el conjunto resultaba tan sabroso que tampoco se echaba de menos.

Seguimos con un “bull con caracoles”, otro guiso tradicional muy difícil de encontrar. El “bull” es la tripa del atún, salada y secada, lo que da un sabor en la cocción realmente peculiar. En este caso, un plato de cuchara y palillo. La primera para tomar el sabroso caldo de la cocción con los trozos tiernos de tripa. El segundo como ayuda para comer unos caracoles bien engañados.

Como tercer plato, una “lengua de ternera con setas” sencillamente exquisita. Todo el sabor de la ternera, pero tierna y con una untuosidad impresionante. Las setas  acompañaban perfectamente la carne. Para mí, todo un descubrimiento comer la lengua en este tipo de elaboración.

Y llegamos al plato principal. Fuimos viernes, por lo que las Jornadas indicaban que tocaba comer “gazpacho marinero” (otros días ofrecían arroz con sepia y oreja de cerdo, arroz con “fava pelá” o judías pintas con morro y careta). Aún así, nos propusieron probar el “puchero de pulpo”, que hicieron para la jornada del jueves. Y nos tiramos de cabeza. Una bandeja con el pulpo, tocino, patata, boniato y pencas, acompañado un puchero de hierro fundido con arroz y judías. Imposible acabarlo. Una pena, porque estaba tremendo. Pudimos repetir dos veces y acabarnos el pulpo. Todo un logro. 

Por último, los postres. Parecía que se iban a hacer cuesta arriba, pero cayeron. Una tarta de queso con higos y otra tarta de almendra con pera. La verdad, no sabría con cual quedarme. La de queso, más fina de sabor, era todo cremosidad. La de almendra, más contundente, no se quedaba atrás en calidad. Lo difícil, elegir el orden para comerlas. Un final perfecto.

Siempre son necesarios negocios así. Sitios que saben recuperar y actualizar su historia, poniendo en valor y dando accesibilidad a rincones conocidos para algunos, pero desconocidos para una inmensa mayoría. Si, además, ponen en la mesa recetas tradicionales, será un sitio de sobresaliente. Espero volver para disfrutar de una escapada tranquila y ver en carta para disfrutar algunas de estas propuestas. El equilibrio entre turismo y tradición debe ser la clave del éxito.