Pinoso, un gran descubrimiento

Hasta hace unos días, cuando me hablaban de Pinoso, me venían dos conceptos a la cabeza: “arroz con conejo y caracoles” y “lejos”. Porque tengo que ser sincero, si no llega a ser por las campañas de publicidad donde famosos cocineros hablaban del mejor arroz del mundo, mi concepto se habría quedado en uno: “lejos”.  Porque no está cerca precisamente de la zona en la que me muevo habitualmente (Alicante-Elche). Y ya debía tener buenas razones para desplazarme hasta allí.

Pues la razón me la dieron desde la empresa de comunicación Eveento, que me invitaron a un blogtrip organizado junto al Ayuntamiento pinosero para conocer sus encantos turísticos. Y yendo bastante escéptico como fui, volví totalmente entregado a una localidad llena de secretos y con suficientes opciones para cubrir un fin de semana entero.

Pinoso, un gran descubrimientoTras una breve presentación de lo que iba a ser el día por parte de Lázaro Azorín, alcalde de Pinoso (luego hablaré de él), nos hicieron una presentación de las dos joyas del municipio: el mármol y el vino. Todo recogido de manera humilde pero muy didáctica en la Casa del Mármol y el Vino. Y de ahí a la mayor cantera a cielo abierto de Europa y la segunda del mundo: la cantera de mármol del Monte Coto. Sencillamente impresionante. Una visita rápida te hace ver el por qué del precio del mármol de calidad. Consiguen una rentabilidad en mármol del 10% de la montaña. El resto son escombros y mucho producto reutilizable en otras industrias. Proceso de optimización casi perfecto. Están en vías de solucionar la agresión estética que produce en el entorno. Así que habrá que hacerle una visita en unos años para ver la evolución.

Pinoso, un gran descubrimientoTras el asombro de la cantera, visita a la Bodega Cooperativa de Pinoso, la mayor productora de vino de la DO Alicante. Visita rápida, ya que se nos había echado el tiempo encima, y cata de 5 vinos acompañados de embutido. Dos destacados: Vermador blanco , con uva Airén y Macabeo; y el Vergel Selección con uvas Monastrell, Syrah y Merlot. Muy interesantes ambos, sobre todo el tinto.

La bodega dispone de 1.700 hectáreas de viñedos entre los términos de Pinoso, Monóvar, Yecla y Jumilla, con una edad media de 25 años. El 70% de los cultivos son de Monastrell, como no podía ser de otra forma en esta zona. Y un dato importante:  el 50%, son cultivos ecológicos.

Pinoso, un gran descubrimientoPinoso, un gran descubrimientoCon este aperitivo por delante, llegábamos a la que para mí era la cita más importante del día: conocer la cocina del Restaurante Alfonso. Os lo contaré en próximos días con otro artículo, pero descubrir que Pinoso es mucho más que arroz con conejo y caracoles me dejó muy contento. Unas gachamigas de escándalo y unas costillas de conejo con ajos impresionantes. Sumamos el embutido, unas mini cocas con verdura asada, un revuelto de morcillas y su famoso arroz al sarmiento. Menú de mucho nivel enseñando el producto y la cocina típica de la zona.

Para bajar un poco la copiosa comida, subida a la torre del reloj para oír a escasos centímetros el traqueteo de una maquinaria comprada en 1889 y la fuerza de su campana. Realmente tres campanas, cuatro esferas, las pesas para la cuerda (que se le da manualmente con una manivela todos los días) y un campanil forjado.

Bajada de la torre y, para que no nos entrara hambre, visita al “Horno de la Chelo”, quinta generación de panaderos y pasteleros. Una demostración en vivo de cómo hacen las perusas (dulce típico del pueblo a base de huevo, harina y aceite de oliva, espolvoreado con azúcar), nos sirvió para recordar la valiosa aportación que siguen haciendo los hornos tradicionales y la calidad que ofrecen (además de lo sacrificado del trabajo manual).

Por último, visita a la fábrica de embutidos “Espinosa”, donde nos contaron, entre ristras de longanizas, morcillas y chorizos, que el secreto de un buen embutido es la carne que usan. Siempre de primera calidad. El resto, proporciones y, sobre todo, especias usadas, es secreto profesional. Una pena no saber esas especias que incorporan para darle ese toque picante tan típico del embutido pinosero.

Y como decía antes, quería dejar para el final al alcalde. Da igual el partido político. En mi caso, me enteré de su partido al final del día. Nada cambia la impresión que me llevé. Lázaro Azorín, maestro de infantil, ahora dedicado a su pueblo. Y esa dedicación viene a través de una pasión y un amor por lo que representa, que da gusto oírle. Pasar el día con él me hizo encontrarme, en cierta manera, con una clase política que creía inexistente. Transmitir es siempre complicado. Si encima lo haces desde un organismo oficial, más todavía. Si Pinoso tiene que venderse, el mejor comercial que tiene es su alcalde. Diez minutos escuchándole, enganchan y convencen. Espero que no pierda nunca esa pasión.

En resumen, Pinoso abre un abanico de posibilidades de visita impresionante. A todas las comentadas, se suma la mina de sal subterránea que abastece las salinas de Torrevieja. Para mí, todo un descubrimiento del que me tengo que documentar y escribir. Mármol, vino, embutido, sal…  Pinoso es para descubrirlo despacio. Quitarse la pereza de la distancia y estar dispuesto a conocer una joya del interior de la provincia.  Te lo seguiré contando.

PD: No puedo dejar de agradecer las risas y el gran ambiente de todos los asistentes al blogtrip. En estos eventos es cuando te das cuenta que hay mucha más gente dispuesta a sumar de lo que ves habitualmente. Un placer pasar el día con vosotros:

Leave a Comment