Can Plasio, gusto por el detalle

El restaurante Can Plasio en Elche es el típico lugar que te gana desde el primer minuto hasta el último cuidando los detalles. Desde el momento que llamas para gestionar una reserva para 17 personas (nada fácil teniendo en cuenta que había 7 niños), hasta el último instante antes de irte, después de poner un tronco en la chimenea delante de la que nos estábamos tomando las copas más allá de las 7 de la tarde. Como en casa.

Situado en una casa de campo en la pedanía ilicitana de la Hoya, no es fácil encontrarlo, pero actualmente con los GPS de los móviles no hay problema para llegar. Aparcamiento en la entrada ya dentro del recinto. Paseo por sus pequeños jardines, con caminos y plantas perfectamente cuidadas y limpias junto a un par de fuentes. Detalle del cariño que ponen en cada rincón.

Atravesando una terraza cerrada con lonas para aprovechar más el espacio en estos meses de tiempo complicado, llegas a un salón alargado, con una chimenea al fondo. Otro detalle fue poner mesa redonda para los 10 adultos. Mejora lo importante de la comida entre amigos: la comunicación. Los niños, en mesa aparte junto a nosotros. Más detalles para garantizar nuestra comodidad.

Con un menú ya apalabrado, de los que disponen en su página de Facebook, nos dispusimos a disfrutar de algo que, sobre el papel, tenía muy buena pinta. Y así fue.

Empezamos con un hojaldre individual de sobrasada, queso curado y confitura de membrillo. Sencillamente espectacular. Base crujiente, hecha casi al momento porque no había cogido nada de la humedad de los ingredientes. La mezcla, clásica, pero de las que no fallan. Perfecta la cantidad de cada uno de los productos para que ninguno resaltara sobre otro.

Seguimos con un salteado de secreto ibérico, verduras y setas al aroma de cítricos. La carne tierna, las verduras y las setas en su punto, patatas confitadas al fondo, aderezado con limón y pimienta dándole el toque fresco al conjunto. Acabamos pidiendo pan para mojar, porque unos colines que habían traído para acompañar el plato nos supieron a poco.

Terminamos los entrantes con una ensalada de alcachofas con espárragos, huevos de codorniz, vinagreta de anchoas y tomate seco. Añadía rabanitos, olivas pasificadas, habitas… Una ensalada más que completa.

Como plato principal, un par pidieron lubina y otros entrecot de buey a la brasa. Por lo que comentaron, mejor el pescado que la carne, buena de sabor, pero algo dura. Pero a lo que habíamos ido la mayoría era a por el arroz. Y no decepcionó.

Pudimos probar dos tipos, de conejo y caracoles hecho con leña de sarmientos y con costra en horno de leña. Complicado quedarme con uno de los dos. Ambos, de los mejores que me he comido. La costra, quizá la mejor que he probado. Ambos contundentes. Abundante conejo en el primero, sabor profundo pero sin cansar. Grano perfecto de cocción. La costra en cazuela de barro, subida como pocas veces he visto y sin un punto quemado. Arroz igualmente suelto y en su punto. Abundante embutido y carne, sin resultar para nada pesado. Ambos arroces de matrícula.

Can Plasio, gusto por el detalleLos postres iban en platos al centro, con lo poco que me gusta esta opción. Pero fue lo mejor que pudo pasar para poder probar los cuatro que pusieron. Un tiramisú, quizá el más flojo, hecho con nata (si llevaba mascarpone no se notaba). Una tarta de naranja sencillamente impresionante. Otra de chocolate blanco. Y, sobre todo, un coulant perfecto. Sin trampa ni cartón. Todas las opciones caseras y una combinación de los cuatro perfecta.

Para terminar, volviendo a los detalles, conocí posiblemente al mejor camarero que he visto en mucho tiempo. Atento con los adultos, pendiente de cualquier detalle que pudiera faltar. Pasándonos a la mesa frente a la chimenea para tomarnos una copa después de comer, mientras la volvía a encender y nos dejaba unos troncos para que no se apagase. Pero sobre todo tratando a los niños de fábula. Haciendo que no nos preocupáramos por ellos, yendo a buscarlos en caso de ser necesario, cerrando puertas para que no saliera ninguno del recinto del restaurante. Cuando hable de profesionalidad en sala a partir de ahora, pondré el ejemplo de este camarero.

En resumen, restaurante para volver  muchas veces. Para no cansarte tanto por la comida (nos queda por probar el cordero en horno de leña que vimos pasar para otra mesa), como por el servicio. Incluso disfrutarlo de cara a primavera/verano, porque una comida o cena en sus jardines puede ser espectacular.

Artículo original publicado en la edición en papel del Diario La Verdad de Alicante/Elche el domingo 22 de enero de 2017:

Comments

  1. El sitio merece mucho la pena. Es de esos lugares que al día siguiente lo comentas con quien te encuentres. Sin ir más lejos, el domingo tuve una comida de amigos en un campo, y a todos ellos les di la tabarra comentándoles lo bien que comimos, lo bien atendidos que estuvimos y lo que disfrutaron los niños. Tanto es así que el lunes, un par de amigos me pidieron el teléfono del restaurante para reservar. Si es que cuando las cosas se hacen bien …

Leave a Comment