El Meloso, la calidad de la experiencia

La profesionalidad en hostelería está en vías de extinción. Desde hace tiempo. Sorprende cómo el nivel medio de la hostelería alicantina baja. Sólo unos cuantos se mantienen. Pero la media es lamentable. Pero hay sitios que se respira ese bagaje que da la experiencia y el amor por una profesión desde hace muchos años. Estas cosas las tiene el restaurante El Meloso de Elche.

Estas características no deben extrañar cuando el propietario y quien dirige la sala pasó buena parte de su vida en El Granaíno, referente provincial en cuanto a hostelería bien hecha. Tras un periplo por el barrio de San Antón ilicitano y vuelta a El Granaíno, empieza de nuevo en solitario con este pequeño restaurante en el barrio del  Pla de Elche. Una pequeña terraza y un local luminoso y con espacio para poco más de 30 personas es suficiente para disfrutar de su cocina.

La carta es amplia, tiene de todo, aunque bien estructurada en apartados claros: ensaladas, algún marisco, entradas frías y calientes, revueltos, carnes, pescados y lo que había ido a probar y sugiere el nombre del restaurante, los arroces. También el siempre interesante apartado de “sugerencias”, que tanto me gusta y que me habla de dinamismo en la carta y cuidado por el producto del día.

El Meloso, la calidad de la experienciaUna ensalada de tomate y capellán dio el pistoletazo de salida. Tomate de calidad, capellán bien torrado sin quedar seco, unas olivas partidas y un magnífico AOVE (aceite de oliva virgen extra). ¿Para qué más? Si la gente termina mojando el pan cuando se acaba el tomate, magnífica señal.

El Meloso, la calidad de la experienciaEl Meloso, la calidad de la experienciaUnos mejillones al vapor fue el segundo entrante. Buen tamaño y cocción perfecta. Sabor impresionante. Otro plato sencillo perfectamente elaborado. Algo más insulso me parecieron los huevos rotos con chanquetes. Soso porque el sabor no me dijo nada, pero los huevos estaban en su punto. Algo más de caña en el pescado le iría de maravilla a este plato. Las croquetas de jamón que sacaron a los niños estaban cremosas y con sabor a jamón de verdad.

Pero como decía antes, nosotros habíamos ido a probar los arroces. Melosos, como no podía ser de otra forma. Tras convencer al resto de comensales que el bogavante es algo sobrevalorado (por mucho que nos empeñemos, no quedan bogavantes en nuestras costas), nos decidimos por probar otros tres: de rape y gambas, de pulpo y de rabo de toro. Además se escapó alguna cucharada del que sirvieron a los niños, de sepia y gambas. Todos servidos en unas perolas de barro, al centro, con su correspondiente cucharón para que cada uno se sirviera al gusto.

Lo que más me gustó es la definición de sabores. Cada uno sabía a lo que tenía que saber. Nada de fondos planos. Y si lo había era suave, consiguiendo que el ingrediente principal de cada arroz destacara. Sutileza del rape y gambas, más profundidad en el de pulpo, y potencia de guiso tradicional en el de rabo de toro. El punto del arroz perfecto, ni duro ni pasado. Se nota la excepcional mano de la cocina.

La parte de los postres me sorprendió por su calidad. Arroz con leche, tarta de queso, tarta de manzana y coulant de chocolate. No me preguntéis, porque no sabría con cuál quedarme. La tarta de manzana me pareció impresionante. Igual que el coulant, perfectamente hecho (advertido en carta que iba a tardar, como debe ser). Pero es que la tarta de queso era también tremenda… Lo dicho, no me preguntéis por mi favorito. Todos.

Cocina seria, de calidad y profesional, como decía al principio. Servicio impecable y detallista. Ni un mal gesto con la tropa de niños que levábamos (fuimos 12 adultos, 7 niños y dos bebés en carrito). Servicio del vino siguiendo el orden que marca el protocolo, así como los cambios de platos y cubiertos en cada momento. Detalles como cambiar un café porque se había enfriado ya que un padre se había ausentado con su hijo un rato, no es normal, pero aquí sí. Como digo, detalles de una gran profesionalidad.

En definitiva, restaurante con mayúsculas, donde se cuida desde la carta (la de postres en un formato pequeño en un rosa “muy cuqui” que gustó mucho en la mesa), hasta el servicio excepcional, pasando por una cocina que sabe perfectamente de qué va esto de dar lo mejor al cliente. Otro imprescindible en Elche.

Articulo original publicado en la edición impresa del Diario La Verdad de Elche/Alicante el domingo 18 de diciembre de 2016:

  • En La Verdad: “La calidad de la experiencia”

Leave a Comment