Peccati di Gola, un tesoro escondido | La Gastroteca de Félix
Peccati di Gola, un tesoro escondido

Para darse cuenta de ciertas cosas, sólo hace falta fijarse un poco. Aunque a veces es necesario que te digan dónde mirar. Y es precisamente lo que pasa con ciertos restaurantes, así que hoy quería poner la atención y hacer que os fijarais en un restaurante italiano, el Peccati di Gola, en la calle San Francisco. Sí, la calle de las setas. Por eso hay que fijarse. Porque entre una oferta gastronómica de caña/tapa, en la mayoría de los casos de una calidad rozando lo pésimo, se encuentra el local dirigido por Enrico Cecchinato y su equipo como oasis en el desierto.

Su principal problema es, precisamente, su ubicación, porque no te crees que pueda haber tanta calidad escondida entre tanta fritanga y productos low-cost. Podrás pasar por la puerta y quizá ni te fijes que existe. Sólo la banderola con su nombre y una decoración negra discreta, sin carteles llamando tu atención en ofertas baratísimas y abundantes. Pero merece la pena. Y mucho. El interior es pequeño pero elegante. Perfecto para cualquier comida de negocios, con la pareja o, incluso, con niños. La cocina italiana, como la española, da pie a que pueda ir la familia entera.

El equipo es completamente italiano, desde la cocina, donde cinco personas se especializan cada una en un apartado de la misma, hasta la sala, donde el ritmo y la atención es excelente. Quizá este sea uno de los secretos, la especialización. Para hacer la cocina que quieres, debes tener al mejor equipo para ejecutarla, y especializarlo en cada uno de los campos (pasta, pan, postres, vinos…) hace que sea difícil fallar. Si a eso juntas producto de calidad y de temporada, tanto italiano como alicantino (muchos guiños a nuestra cocina), las cosas deben salir muy bien.

La visita a este local es imprescindible, sin duda, por sus pastas. Aunque no hay que dejar pasar los entrantes, de calidad y con productos de primera. La ensalada caprese está compuesta por tres tipos distintos de tomates y una mozzarella de gran calidad, con esa cremosidad interior que no encontrarás fácilmente en ninguna que compres en el supermercado. Los “envoltini”, tanto de berenjena como de calabacín, juegan con la cremosidad del queso interior, que me encantaría fuera más intenso.

Pero las pastas juegan en otra división superior. Hechas por ellos mismos, lo que les da una calidad que en pocos sitios de Alicante encontrarás. En mi primera visita tuve la ocasión de probar una acompañada de salazones alicantinos, que todavía recuerdo y que me encantó. En esta última ocasión probé dos que me fascinaron. Unos scialiatelli (pasta más corta y ancha que los tagliatelli y originaria de Nápoles) salteados con lubina, limón, menta y pan crujiente. Realmente buenos, de los que no te cansas de comer. También unos orecchiette (pasta en forma de oreja, de ahí su nombre) salteada con almejas y un pesto ligero de brócoli y piñones. Otra bomba de sabor impresionante. Sin duda son platos para que, como dice una expresión italiana, “fare la scarpetta” (mojar el pan en la salsa que queda en el plato). Por cierto, un pan que también elaboran ellos a diario en todas sus versiones y que puede pasar perfectamente como un entrante, sobre todo cuando lo acompañan de una crema de remolacha y atún como la que probé en mi última visita. De las que tienes que tener cuidado para no pasarte mojando, ya que te acabas el pan sin darte cuenta.

Los postres están a la altura de todo lo anterior. Tanto la milhojas con crema de mascarpone como el tiramisú están especialmente buenos. Ninguno demasiado dulce, lo que se agradece, además que deja saborear más en profundidad el resto de sabores.

Milhojas

Especial atención prestan a los vinos, donde lo ideal es dejarte aconsejar por el encargado de sala, como no podía ser de otra forma, auténtico especialista en vinos italianos. En la última ocasión, un vino con uva gewürztraminer, muy afrutado y que, fresquito, entraba casi sin enterarte (con el peligro que esto tiene).

En resumen, el mejor restaurante italiano de los que he probado en Alicante. Auténtico desconocido para una inmensa mayoría que, llevando 8 años abierto, todavía no saben de su existencia. Mucho trabajo con mucho sentido común en la cocina, además de una sala a la altura y con la pasión que requiere este proyecto. Lo dicho, hay que fijarse para conocer ciertos sitios. Y este merece toda la atención.

Artículo original publicado en la edición en papel del Diario La Verdad de Alicante/Elche el domingo 21 de agosto de 2016:

2 Comentarios

  1. Charly

    Estimado Félix, para tanto bombo y platillo como se anuncia el citado restaurante, de manos de un «experto» crítico gastronómico, no alcanzo a entender como un vino puede ser «afrutado»… y no frutal como correspondería. Espero disfrutar de una buena experiencia en este restaurante, siguiendo tus recomendaciones que sin duda, serán muy acertadas.

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    • Félix

      Buenos días Charly:
      Muchas gracias por leer esta web de un aficionado a la gastronomía que da únicamente su opinión. Sin más interés que compartir experiencias, por supuesto, nada expertas (que aprender, sigo aprendiendo todos los días).
      Por otro lado, no soy un experto tampoco en vinos, aunque tengo dudas en tu apreciación, ya que la RAE indica como «frutal» lo «perteneciente o relativo a la fruta» y «AFRUTADO» como «que tiene un sabor o un aroma que recuerda al de la fruta», poniendo como ejemplos «vino, café o perfume afrutado». Es decir, según la RAE se debe decir afrutado como adjetivo para un vino. Aunque al ser el vino perteneciente a la uva, tu «corrección» también sería válida.
      En resumen, espero que disfrutes de tu experiencia, igual que la disfruté yo. Y déjate aconsejar y sorprender por los vinos italianos. Sean frutales o afrutados 😉
      Un saludo y, de nuevo, gracias por leerme.

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