Hace un par de semanas un amigo me hizo llegar un pantallazo con un comentario que hizo en Facebook una de las blogueras y comunicadoras gastronómicas más importantes de España. En esta ocasión, Cristina Martínez “Garbancita” puso en Facebook lo siguiente:

Me vais a disculpar, amigos asturianos… pero esto del cachopo no lo entiendo. De verdad, ¿tanto jaleo por un San Jacobo?

Sé que es muy popular en Asturias, pero no es un plato tradicional y tampoco trasmite identidad gastronómica local, ni cultural ni de producto. ¡Con la de cosas ricas que hay para comer aquí!

La que le cayó fue impresionante. Sobre todo insultos y amenazas de todos los colores. Pensé en compartirlo simplemente en Facebook, pero me siento en la obligación de hacer un comentario. Y todo partiendo de la base que estoy totalmente de acuerdo con el fondo de la afirmación de Garbancita. Con todo lo que tiene Asturias, que el cachopo sea ensalzado es, cuanto menos, preocupante.

Me sorprende cómo en el anonimato que da una red social como Facebook la gente se vuelve agresiva y descontrolada. Insultos de todo tipo. Barbaridades tremendas. O simplemente llevar la contraria porque sí con razonamientos sin sentido. Agresividad que por desproporcionada llega incluso a dar risa. Puedes intuir a personas con los ojos inyectados en sangre, la bilis saliéndole por la boca y al borde de la taquicardia detrás de sus fotos de perfil de cándidos perritos o preciosos paisajes. Luego, esos mismos, son los que inundan Facebook con vídeos de gatitos o mensajes de autoayuda para depresivos o consejos para ser mejor persona. Muy buena gente si te quedas ahí. Pero si les tocas el cachopo, no hay límite a su ira y se convierten en Michael Douglas en «Un día de furia». Asombroso.

Y esto ha pasado en un perfil de Facebook, pero conocerás auténticas “meadas fuera de tiesto” en grupos de esta red social. Gente que sólo tiene por objetivo echar mierda e insultar. Huelen la sangre y saltan como tiburones. Hay mucho Bruce (el tiburón en terapia de “Buscando a Nemo”) paseando por Facebook y atacando cuando ve la oportunidad. Triste, porque estoy convencido que la reacción en persona no sería, ni mucho menos, similar.

Y volviendo al cachopo, guste o no guste, es carne, jamón y queso empanado con más o menos ingredientes en su interior (setas, pimientos, cecina…). Sin más. Estrictamente, las similitudes con un San Jacobo son más que evidentes. Es más, algunos apuntan a que la palabra cachopo sea una derivación de San Jacobo (del gallego Xacobo), con lo cual ya sería para partirse de risa que el origen tanto del plato como de la palabra fueran gallegas. O quizá el origen sea el Cordon Bleu francés. A saber… Pero lo que sí es cierto es que, aunque sea uno de los platos más conocidos de la cocina asturiana, como bien apunta Cristina, ni transmite identidad gastronómica local, ni cultural, ni pone en valor el producto ya que, por ejemplo, es rarísimo que se diga la procedencia de la carne o el tipo de queso usado (además que originariamente se hacía este plato para dar salida a los filetes pasados o de mala calidad). A mi entender, el éxito actual de este plato es gracias a la crisis económica: un producto barato, con buena relación calidad-precio y de gran tamaño.

Por último, y más allá de este “cachopogate”, desde aquí todo mi apoyo a Garbancita por decir siempre lo que piensa, sin complejos y con educación (y con ese punto de humor ácido que le caracteriza en todos sus comentarios). Quienes la conocemos sabemos que no habla por hablar y que cuando lo hace es con un profundo conocimiento de causa, desde su experiencia y sus conocimientos gastronómicos. Así que, Cristina: Duerme tranquila y ¡¡¡no te calles nunca!!!