Una de los cierres en hostelería que más me ha sorprendido en Elche últimamente es el de la Chocolatería Valor en pleno centro de Elche. Desconozco las razones, pero que cierre un sitio de esa calidad no es buena señal. En su lugar han abierto un restaurante llamado La barra de Paco que, desde que abrió hace un par de meses, siempre ha estado lleno de gente. Así que tenía ganas de pasar a ver qué tal estaba y si ofrecía algo distinto. Fue simplemente picar algo para cenar,  pero la experiencia fue bastante decepcionante.

En un local grande, manteniendo la distribución de la antigua chocolatería, con una barra a la izquierda y numerosas mesas a la derecha, no viene nadie a recibirte cuando entras. Así que recorres la barra hasta el final donde, desde detrás de la misma, te dicen que te sientes en la mesa que quieras. Es la primera señal del desorden que nos esperaba.

Una vez sentados, con un tercio del local lleno, tardaron bastante en venir a tomarnos nota de la bebida. Normal, cuando no tienen asignadas las mesas los tres camareros que había, por lo que uno te tomaba la bebida, otro te preguntaba si te habían tomado la bebida y yo mismo me levanté a coger unas cartas para ver qué cenábamos ya que nadie nos las traía.

Y con la carta tuvimos la primera decepción. Tras verla, viendo que no había nada que se saliera de una carta normal, preguntamos si había montaditos, ya que en la puerta los anunciaban, para lo que nos trajeron otra carta distinta. Una vez elegido lo que queríamos cenar vino la camarera. De los seis platos que nos apetecían, no les quedaban cinco… Un viernes a las 21h… No quiero pensar qué quedaría a las 22h… Lo que más me llamó la atención fue que, de las cuatro tapas que indicaban como “especialidad”, no tenían ninguna. Si te falla lo que te diferencia de la competencia, mal asunto.

Otro de los platos que nos llamó la atención y que pedimos, “revuelto de pulpo, habitas y jamón ibérico”, tampoco tenían. Así que la camarera nos dijo otros platos que no podíamos pedir: ni mejillones, ni chipirones, ni alguno de los montaditos… Bastante lamentable.

Así que con la desilusión inicial, nos tiramos a pedir algo de lo que sí tenían: ensaladilla rusa, pescadito frito y huevos rotos con jamón. Por suerte no pedimos nada más.

La ensaladilla rusa bastante normal, con exceso de variantes para mi gusto, acompañada de unos panecillos normalitos. Nada nuevo. Tampoco tenía nada del otro mundo el pescadito frito, excesivamente salado, pescadillas pequeñas bien fritas, pero algo escasas para tres personas. El broche de oro fueron los huevos rotos con jamón. Las patatas no estaban fritas, sino hervidas en aceite y bastante crudas. El huevo excesivamente hecho a la plancha, con la yema totalmente pasada (diría incluso que ya estaba hecho de antes) y el jamón de bastante mala calidad. Para colmo, lo acompañaban de unos pimientos “tipo Padrón” ridículos de tamaño, la mayoría crudos y sin ningún sabor.

Por supuesto, no teníamos ganas de pedir postre, así que con las mismas pedimos la cuenta y nos fuimos (27€ las tres personas que fuimos). Pero antes de salir pude oír una de las mejores anécdotas que he oído en un restaurante y que demuestra la falta de profesionalidad que nos encontramos muchas veces en hostelería. Ante la pregunta de una mesa que teníamos justo al lado sobre si lo que tenían expuesto en la barra eran almejas de Carril o berberechos, la camarera respondió: “no, son tigres”… Espectacular. Si no se sabe distinguir entre unas almejas o similares y unos mejillones rebozados con bechamel, como decía al principio, muy mal asunto.

Así que espero que mejoren en todos los sentidos (pueden leer las opiniones de la gente en FourSquare) ya que si tienes uno de los locales mejor situados de Elche no te puedes permitir el lujo de no hacerlo bien.

Ambiente: 5

Servicio: 4

Cocina: 2

Postre: sin puntuar

Relación calidad-precio: 4

Nota media:  3,8