Los que me seguís por Twitter (@felixcardona) o por Facebook ya visteis que el otro día estuve de antojo de dulce. En las fechas en las que estamos y la pasión que tengo por las torrijas, no había otra salida. Así  que me lié a hacer una buena bandeja. Realmente no fue algo espontáneo. Tengo que reconocer que había comprado el pan tres días antes para que se hiciera algo duro… Hubo premeditación. El dejar endurecer el pan es para que a la hora de hacerlas no se deshagan tanto. Además, las torrijas tienen su origen en la cocina de aprovechamiento, es decir, coger lo que te sobra por casa y, antes que tirarlo, darle un uso.

Las torrijas hay mil formas de hacerlas. Básicamente es pan mojado en leche, pasado por huevo y frito en abundante aceite. En mi caso, en vez de bañarlas sólo en leche, la aromaticé con limón, canela y un poco de azúcar. Mi abuela, que hacía unas torrijas para morirse, sólo las bañaba en leche y quedaban espectaculares. Así que paso a contaros los ingredientes y la elaboración.

Torrijas sencillasIngredientes para una docena de torrijas:

  • Doce rebanadas de pan de un dedo de gordas más o menos (yo usé una barra tipo “chapata”)
  • Un litro de leche
  • Una rama de canela
  • La corteza de medio limón
  • Cuatro cucharadas soperas de azúcar
  • Dos o tres huevos
  • Azúcar y canela para espolvorear
  • Aceite de oliva para freír

Elaboración:

En primer lugar, tenemos que aromatizar la leche. Realmente es lo que se llama por esta zona del mediterráneo “leche preparada” y que puedes pedir en muchas heladerías. Mezclamos en una olla el litro de leche, con la corteza de limón y la canela y añadimos azúcar al gusto. Yo le puse menos azúcar que cuando hago la leche preparada, pero podéis endulzarlas más o menos, según os guste. Cuando la leche rompa a hervir, paramos el fuego y la tapamos. Dejamos infusionar aproximadamente una hora.

En una bandeja honda, ya que vamos a poner líquido, distribuimos las rebanadas de pan, dejando algo de espacio entre cada una ya que, por efecto de empaparse con la leche, crecerán un poco. Cuando la leche haya infusionado y atemperado, vamos echándola por encima de las rebanadas para que vayan empapándose. Esto habrá que hacerlo en dos o tres veces, hasta que veamos que el pan deja de absorber líquido. Aproximadamente habrá que tenerlas algo más de una hora.

Cuando el pan ha absorbido todo el líquido posible, sólo nos queda freírlas. Puedes optar por hacerlo en la freidora o en una sartén. Ten en cuenta que el aceite que uses va a quedar muy sucio y difícilmente lo vas a poder reutilizar, por lo que si usas la freidora te va a tocar limpiarla luego. Así que es más recomendable una sartén alta, ya que hay que poner abundante aceite.

Ponemos en un bol amplio dos o tres huevos batidos por el que pasamos las rebanadas de pan y las metemos directamente en el aceite, que debe estar muy caliente. Cuidado con las salpicaduras en este punto. Te puedes ayudar de una rasera para dejar las rebanadas en el aceite. Lo ideal es ir haciéndolas de dos en dos, intentando no poner muchas de golpe para que el aceite no baje de temperatura.

Una vez que estén doradas las sacamos a un plato, en el que habremos puesto papel de cocina para que absorba el exceso de aceite. En un recipiente pequeño ponemos dos partes de azúcar y una de canela y lo mezclamos. Con las torrijas calientes, espolvoreamos por encima la mezcla de azúcar y canela. Repetimos este proceso hasta acabar con todas.

Y ya tenemos nuestra bandeja de torrijas acabada. Yo me las como tal cual, aunque las puedes acompañar de algún helado o, como hizo mi mujer, mojándolas en leche condensada (una bomba, lo sé… 😉 ). A disfrutar que ya nos pondremos con la operación bikini después de Semana Santa.